La política es pendular: a veces el péndulo se mueve hacia la izquierda, otras veces se mueve hacia la derecha.
El péndulo no debiera oscilar demasiado. Así acontece cuando quienes dominan la política nacional son opciones moderadas (socialdemócratas, socialcristianos, liberales y humanistas) marginando a las opciones extremistas. ¿Qué pasa en un país cuando el péndulo político es jalado demasiado hacia un extremo?. Inevitablemente (en Física, por las leyes newtonianas del movimiento), el péndulo se moverá demasiado en el sentido contrario. Por ejemplo, en Argentina, dieciséis años del populismo socializante de la familia Kirchner y el justicialismo produjeron el giro hacia el populismo liberal-conservador de Javier Milei.
En Perú, los sectores “de derecha” están jalando demasiado el péndulo hacia su extremo. A troche y moche, la Comisión Permanente del Congreso “ilegítimo”, dominado por una coalición “de derecha”, aprobó dos leyes infames en contra de todas las opiniones expertas o críticas. Primero, una ley violatoria de la Constitución de 1993 que “delimita” la aplicación penal de la “imprescriptibilidad” en la categoría de “crímenes de lesa humanidad” anteriores a 2002, que -en la práctica- equivale a una “amnistía”, porque todos quienes han sido condenados o son procesados por haber cometido delitos considerados “crímenes de lesa humanidad”, sean militares o policías que deshonraron el uniforme patrio como los terroristas comunistas, durante la época de violencia política entre 1980 y el año 2000, podrían alegar que sus delitos prescribieron y quedarían impunes. Los defensores dicen que es para “hacerle justicia” a “cientos de militares”, pero -según el ex procurador ad hoc César Azabache- la gran mayoría de ex uniformados que fueron procesados penalmente fue declarada inocente y son menos de cien los condenados. Con esta ley, ellos saldrían de la cárcel. Ya la Corte Suprema de Justicia declaró que los crímenes de lesa humanidad son “imprescriptibles” y hace rato el Poder Judicial efectúa “control de constitucionalidad” o “control de convencionalidad” y podría no aplicar la nueva ley.
La segunda norma modifica la Ley contra el Crimen Organizado de 2013 dejando fuera del tipo penal de “crimen organizado” al secuestro, la extorsión, el robo agravado, el sicariato, la trata de blancas o la explotación infantil quedando sólo el narcotráfico, la tala forestal ilegal, la minería ilegal o el contrabando. Aparte, quita el factor “sorpresa” en los allanamientos de fiscalía. Además, la tipificación delictiva de “asociación ilícita para delinquir” perdería fuerza procesal. Esta ley fue elaborada pensando en ciertos políticos manchados con denuncias por corrupción administrativa (entre ellos, la Presidenta de la República), sin considerar que la criminalidad organizada aumentará notablemente en el país durante los meses siguientes. Bandas criminales brasileñas ya están en los departamentos del sur y el oriente y criminales ecuatorianos amenazan entrar por el norte.
Los sectores “de derecha”, cada vez más extremistas, creen estar “refundando el país”, pero realmente lo están destruyendo. Basta leer u oír sus altavoces mediáticos (los diarios Expreso y La Razón y la televisora privada Willax) o digitales (los portales web de opinión El Montonero o La Abeja) para percatarse sobre el convencimiento en ellos de que “detentarán” el poder por largo tiempo, como si pudieran jalar indefinidamente el péndulo hacia el extremo derecho. Sin embargo, como nos enseña la Historia, en algún momento ese péndulo se moverá hacia el extremo izquierdo antes de seguir oscilando hasta que la velocidad de las oscilaciones aminore.
El futuro
caudillo que, inevitablemente, surgirá pronto, se hará con el poder y “se cargará”
a todos será “de izquierda”. No un “rojo” incendiario, pero sí alguien astuto,
calculador y pragmático que sepa hacia donde oscilará ese péndulo de la
política en Perú.
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