Minería pequeñoburguesa ("ESPECIAL")

 

A Vladimir Illich Ullanov, alias “Lenin”, padre de la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, se le atribuye una conocida frase, la cual la historiografía universal discute.

Palabras más, palabras menos, Lenin habría dicho: “los burgueses son capaces de darnos la soga con la cual los colgaremos”. Para conocedores de la historia de Rusia, podríamos asumir que Lenin no se refería a la gran burguesía, cuya expresión política eran los liberales-constitucionalistas del KDT sino los socialistas revolucionarios del PSR, que venían de la pequeña burguesía urbana y rural. Teorizando que la lucha de clases marxista debe convertirse en “guerra civil revolucionaria”, Lenin y los bolcheviques se ensañaron con el PSR hasta aniquilar a todos sus líderes.

En el Perú de hoy, la censura al Ministro de Energía y Minas por el "putrefacto" Congreso y la aprobación del dictamen que prorroga -una vez- el Registro Integral de Formalización Minera (REINFO) no debieran ser vistos sólo como “el triunfo” de la minería ilegal sobre la formalidad sino como una burda manifestación más del discurso clasista plasmado en la realidad.

En primer lugar, estos mineros ilegales, disfrazados de “informales” o “artesanales”, NO son pobres: la explotación de vetas auríferas, sin tributación ni cumplimiento de regulación laboral o ambiental, es increíblemente rentable. Tienen bastante dinero para comprar máquinas, explosivos y químicos, pagar peonaje y hasta corromper autoridades. Alrededor de éstos proliferan actividades ilícitas como el narcotráfico y la prostitución.

El REINFO fue creado en 2012 para formalizar a esos mineros ilegales, pero pocos de ellos se formalizaron. Estas personas alegan que la tramitología no les permite formalizarse y los sectores “de derecha”, creyendo que ellos son otros “emprendedores” más, incomprendidos, los defienden. Tampoco podemos descartar que buscan futuros aportantes de campaña electoral. No obstante, las facciones de izquierda radical siempre han tenido claro para qué apoyan la minería ilegal.

He ahí el segundo punto: desde el retorno a la democracia en 2001, “rojos” y “rojimios” se vistieron de ecologistas o ambientalistas para oponerse a la minería legal. A partir de esa oposición surgieron falsas premisas como “Agro sí, minería no” o “Agua sí, oro no” contra las empresas mineras. Por supuesto, esa superchería postmoderna enmascara la típica animadversión en el “rojerío” de toda la vida a la inversión privada, la libertad de empresa y el capital. ¿Por qué cree que esos “eco-rojos”, tan preocupados por los limones de Piura o el arroz de Arequipa, no dicen nada sobre los ríos contaminados o la atroz deforestación en, por ejemplo, Madre de Dios?.

Es el enfrentamiento incitado entre minería legal y minería ilegal. No es casualidad que las asociaciones de mineros ilegales tildaran al censurado Ministro de Energía y Minas como “pieza clave” de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (“cobardona”, por cierto) o que uno de los dirigentes de esos mineros ilegales acampando a las afueras del Palacio Legislativo en Lima acusara de “delincuente” a su presidente.

A la izquierda radical no le interesan los mineros ilegales y sus (tontos) defensores “de derecha”, a quienes ven como pequeñoburgueses. Para el “rojerío”, éstos son instrumentos para liquidar a la gran y mediana burguesía detrás de la minería legal. Cuando lo haya conseguido, irá por los pequeñoburgueses.

Simplemente, porque una máxima fundamental marxista, que Lenin ejecutó, es la abolición de la propiedad privada. En Perú no lo entienden.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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