La izquierda radical, Venezuela y Hugo Chávez ("ESPECIAL")

 

Hace diez años el teniente coronel Hugo Chávez pasó a mejor vida. Tal vez está en el infierno.

Chávez, fue amo y señor de Venezuela durante catorce años. En este artículo no hablaremos cómo Chávez (quien nunca aclaró su participación en el escondite del ex asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos en 2001) llegó al poder en Venezuela ni lo que hizo o deshizo allá sino la influencia de este supuesto líder de la izquierda radical latinoamericana en el Perú.

El romance de la izquierda radical peruana con Chávez habría empezado después de 2002 cuando este militar golpista, quien nunca fue marxista-leninista sino sólo un autoritario mesiánico sin una idea coherente en el cerebro, se fue entregando cada vez más en los brazos de la dictadura comunista de Cuba. Fue la época cuando Chávez emprendió el camino sin retorno violando la Constitución de 1999: primero “cargándose” las instituciones y el imperio de la ley, después atacando la iniciativa privada y la propiedad privada. Simultáneamente, los precios internacionales del petróleo brincaron y chorros tras chorros de dinero llegaron a manos de Chávez e hizo creer a todos los “rojos” y “rojimios” que sí era posible “hacer la revolución” como Fidel Castro lo soñó en la década de 1960, pero ahora valiéndose de la democracia.

Primero Bolivia, después Ecuador. Más tarde vendrían Nicaragua, Honduras, El Salvador y Paraguay. También estaban los aliados en Brasil, Argentina, Uruguay y la República Dominicana. Para 2006 la izquierda radical peruana ya estaba enamorada de Chávez. Por eso, cuando al año siguiente, Chávez dio el primer zarpazo contra la libertad de expresión y “se cargó” la emblemática televisora privada RCTV, la izquierda radical no lo condenó sino hasta le aplaudió. Cuando gremios de periodistas organizaron una significativa protesta frente a la embajada venezolana en Lima, la izquierda radical organizó una “contra-protesta”. Aún recuerdo haber viso allí al difunto ex senador Genaro Ledesma, a quien consideraba una “persona decente”.

Con los petrodólares llegaron al Perú el activismo político pro-cubano y pro-venezolano, el cual nunca se reflejó electoralmente. En esos años empezaron los viajes de políticos “rojos” a Caracas. Aunque los chorros de dinero se secaban, Chávez todavía era la referencia subcontinental de una “revolución roja” redentora de pobres y marginados. Exceptuando alguno que otro personaje (por ejemplo, Susana Villarán, ex ministra de la Mujer), toda la izquierda radical vivió enamorada de Chávez hasta que éste encomendó su alma al Creador o a Belcebú, no sé.

Chávez dejó como heredero político a Nicolás Maduro, doctrinariamente formado en Cuba, sin carisma ni inteligencia y déspota por naturaleza. Los años siguientes demostrarían que Venezuela es una dictadura. No obstante, la izquierda radical peruana pasó de la adoración a Chávez hacia la devoción por Maduro. Las visitas a Caracas continuaron. Por desgracia, en 2013 el gobierno de Ollanta Humala se prestó a convalidar la dictadura de Nicolás Maduro.

Después vendrían las oleadas de inmigrantes venezolanos, la decadencia de Venezuela y la brutalidad de Maduro, pero la izquierda radical, que dice luchar por la democracia, la justicia social y el bienestar del pueblo, sigue prendida con Venezuela, como antaño estuvo de Cuba.

¿Por apego a principios revolucionarios?. No, es ideologización pura y dura o compromisos económicos. Actualmente, Maduro pretende apropiarse del Partido Comunista venezolano. Hubo muestra de rechazo por sus pares de Argentina, Brasil, México, Guatemala, El Salvador y Paraguay, pero los “rojos” y “rojimios” peruanos no han dicho ni pío.

 

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