Perú feo ("ESPECIAL")

 

¡Qué feo luce el Perú actual!. No lo digo en broma. El país no se ve bien, no está bien.

Si la criminalidad organizada azotaba a ciudades norteñas como Trujillo, Piura o Chiclayo, recién comienza a sentirse en Lima. Hombres armados no solamente no tienen reparos en matar, secuestrar o asaltar, en el día o la noche, sino que ha empezado las disputas entre bandas por el control territorial con una violencia extrema y un escalofriante poder de fuego.

Distintos especialistas en seguridad señalan que estamos presenciando el inicio. Por desgracia, los hechos de sangre aumentarían y las bandas armadas comenzarían a enseñorearse en barrios, avenidas o distritos enteros. Los recientes ataques a buses de determinadas empresas de transporte público o el asesinato de sus choferes es un anticipo de un fenómeno delictivo que puede volverse tan horroroso como fue el terrorismo comunista de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario (MRTA) en las décadas de 1980 y 1990.

¿Hay responsables políticos?. Primero, el troll Ministro del Interior, un personaje “sucio”, quien “hace lo que puede”, según el periodista Diego Acuña. También el Congreso impopular e “ilegítimo” y sus leyes procesal-penales “pro-crimen” (“pertinentes”, en palabras del abogado Aldo Mariátegui), que están favoreciendo los delitos de extorsión, robo agravado, secuestro y sicariato. Cuando sectores “de derecha”, promotores de esas normas abominables, a quienes no les interesa la ciudadanía sino ganar la guerra político-ideológica contra sectores “de izquierda”, nos hablen de seguridad NO les crea: son mentirosos.

De otro lado, el directorio de la petrolera estatal PETROPERU dijo públicamente lo que nadie quiere oír: la empresa está quebrada. Debe miles de millones de dólares: 600% del total de ingresos. Para el directorio sólo existen tres caminos: continuar “enchufando” PETROPERU al presupuesto público (¡inmoral!), una operación de salvataje financiero que incluya cambios a la gobernanza corporativa y la venta parcial del accionariado a través de la Bolsa de Valores de Lima o la liquidación.

Mientras parte de los sectores “de izquierda” (junto al parasitario sindicato de trabajadores) pregona que el Ministro de Energía y Minas está detrás de un “plan privatizador” (¿quién querría comprar este cacharro?) y no quiere que PETROPERU sea desenchufada del erario público, los sectores “de derecha” no pasan de apuntar sus dedos acusadores contra fulano o mengano por la ruina financiera de PETROPERU, pero no proponen nada viable. Cualquier decisión tendría un costo político: PETROPERU es una de las últimas grandes empresas estatales, legada de la década de 1970, un símbolo político con influencia en la cultura económica peruana.

Por último, hace varias semanas que las redes sociales en Perú expiden la pestilencia del racismo y el clasismo. Todo habría empezado con el velerista Stefano Peschiera, ganador de una medalla de bronce en las olimpiadas París 2024, quien retornó a Perú y fue condecorado por la Presidencia de la República en el Palacio de Gobierno. El periodista Marcos Sifuentes habría mencionado que el velerista es un “blanquito privilegiado” por aceptar la condecoración.

Desde entonces todo quien no apoye a sectores “de izquierda” opuestos furibundamente a la Presidenta de la República y su Gobierno son considerados en redes sociales como “blanquitos privilegiados”: razonamiento propio de mentalidades acomplejadas y espíritus culposos.

De verdad, ¡qúe feo país!.

 

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