La toma “progre” de Lima

 

Pese al fracaso en los objetivos fijados con la tercera “toma de Lima” el 19 de julio, la izquierda radical insiste con sus marchas.

Ahora los “rojos” anuncian protestas callejeras los días 27, 28 y 29 de julio, coincidiendo con las celebraciones por Fiestas Patrias. Incluso anuncian bloqueos de carreteras para impedir que los habitantes de Lima puedan salir de la ciudad durante el feriado largo. La Policía Nacional tiene un dispositivo de seguridad listo para el 28 y el 29, tanto en el Centro de Lima como en el resto de la ciudad. Es posible que en otras ciudades haya protestas, no necesariamente masivas.

Mientras tanto, la soberbia y ensimismada “progresía” limeña viene elaborando el correspondiente “relato” sobre el 19 de julio. Para sus políticos, periodistas, intelectuales, artistas y activistas la marcha callejera en Lima “no fue un fracaso”, porque “hay razones para protestar”, fue una “marcha multicolor”, el “pueblo se movilizó”, fue una “saludable expresión democrática” y demás tonteras romanticonas. Como “dato mata relato”, no puede ocultar que en el Centro de Lima no hubo más cinco mil personas y con tan ínfima cantidad no puedes pretender imponer una agenda política tan maximalista: renuncia de la Presidenta de la República, cierre del Congreso, inicio de un proceso constituyente para redactar una nueva Constitución, adelanto electoral y hasta la “liberación de los presos políticos del 07 de diciembre”.

La “progresía” limeña no quiere restablecer el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo, caído tras la intentona golpista del 07 de diciembre. Ésta quiere reeditar los sucesos de noviembre de 2020 cuando, a través de los grandes medios de comunicación y las redes sociales, alentó el “bochinche callejero” en el Centro de Lima, con la muchachada tirapiedras y dos jóvenes muertos, para “cargarse” el gobierno de Manuel Merino y exhibirse como “defensora de la democracia”. Desea recuperar la influencia política que comenzó a perder el día de la campaña electoral en 2021 cuando vistió a un analfabeta funcional y venal candidato incendiario de izquierda radical como supuesto apóstol de los pobres y el “Perú profundo”.

Ahí estaban casi todos los mismos rostros de noviembre de 2020. Desde la congresista Flor Pablo y el ex congresista Yohny Lescano hasta la abogada Rosa María Palacios y los periodistas Pedro Salinas y Josefina Townsend. Podrán crear todos los relatos que quieran sobre el 19 de julio, pero no pueden negar la evidencia: si la Presidenta de la República y, sobre todo, el Congreso son tan mayoritariamente impopulares en el país como señalan las encuestas de opinión, ¿por qué hubo menos de cinco mil manifestantes en el Centro de Lima?, ¿por qué el total de manifestantes en todo el país no superó los veintiún mil?.

Existe un abrumador descontento ciudadano contra los políticos y la democracia restaurada en 2001, pero la gran mayoría de peruanos y peruanas está harta de marchas y protestas. Su rabia, su cólera, su frustración las guardarán para la próxima campaña electoral.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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