La Corte Suprema de Justicia dio un “regalito” por Halloween al ex mayor Antauro Humala: la ilegalización de su movimiento político.
Denominado “Alianza Nacional de Trabajadores, Agricultores, Universitarios, Reservistas y Obreros”, cuyo acrónimo es “ANTAURO”, había obtenido este año registro ante el Jurado Nacional de Elecciones y estaba habilitado para participar en las elecciones generales de 2026. La Fiscalía de la Nación solicitó la ilegalización de ANTAURO por considerarlo “anti-democrático”. Los vocales supremos, por mayoría, decidieron la ilegalización y el cierre de todos los locales en el país, pero no aceptaron la inhabilitación política de la dirigencia.
Increíblemente, “Antaurito” (¡me encanta decirle así!) no lideraba el movimiento político. Incluso el presidente de éste declaró públicamente que le había separado. Suponía inminente la ilegalización. No obstante, fue en vano: ANTAURO será historia y “Antaurito” se quedará con las ganas de candidatear. Es el primer partido o movimiento político ilegalizado desde el retorno a la democracia en 2001. Justo esa semana, en el marco del proceso penal iniciado en el Ministerio Público por la “Operación Perseo” de 2014, el Poder Judicial ilegalizó al Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), heredero político de los terroristas de Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990, pero es un caso distinto.
Todo proyecto político, mínimo, debe respetar la vida humana. No debe existir en Perú un movimiento político pregonando la necesidad de fusilamientos por doquier. Quien escribe cree no hubiese sido problema derrotar electoralmente a un lunático como “Antaurito”, quien -no olvidemos- estuvo preso por el asesinato de cuatro policías en la fracasada asonada de Andahuaylas en 2005.
“Antaurito” no es un “líder de masas”. No tiene carisma ni una imagen honorable. Carece de talento para la política. No es un gran polemista. Mucho menos es culto, aunque presuma de saber mucho. Por supuesto, su lengua es más rápida que su cerebro. ¿Cuál es su “atractivo”?. Prometer una orgía de sangre. Presumo “Antaurito” o su pequeña minoría adicta desconocen que América Latina no ha vivido un frenesí de ejecuciones desde la Revolución de Fidel Castro en Cuba, cuya dictadura entre 1959 y 1961 fusiló a más de diez mil personas. Hubo muchedumbres en las calles pidiendo “¡Paredón, paredón!” para los juzgados por tribunales revolucionarios hasta que estas muchedumbres pasaron también frente al pelotón de fusilamiento.
¿“Nos salvamos”, como celebran sectores “de derecha”?. No. Los auténticos enemigos son quienes juran defender la Constitución de 1993, pero la violan con leyes inconstitucionales o interpretaciones jurídicas retorcidas. Quienes se burlan de la voluntad popular libremente expresada en las ánforas, pervierten las instituciones y socavan el imperio de la ley para sus intereses políticos o particulares, pero se auto-perciben “democráticos”.
Para quien
escribe, la democracia restaurada en 2001 está “condenada”, pero “Antaurito” no
iba a ser el verdugo.
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