Prensa decisiva ("ESPECIAL")

 

Me agrada el ex congresista Richard Arce, porque, pese a ser “rojo”, no se arrimó en su momento con el gobierno de Pedro Castillo, pese a que muchos de sus congéneres lo hicieron sin escrúpulos.

En este momento, políticamente, Arce es lo mejor que tiene la izquierda radical. Es un genuino “socialista democrático”. Por supuesto, esa deferencia no significa que esté de acuerdo absolutamente con él. En su columna del diario Perú 21, Arce afirma que “se le viene la noche” a la Presidenta de la República y su Gobierno. Sostiene que él ha conversado con muchísimas personas en el sur, el centro y el norte del país recientemente y todas creen que la primera mandataria ha sido “avasallada” por el nefasto Congreso. Acierta que hay mucho descontento en la gente, pero señala que los sentimientos de rechazo, rabia y frustración se convertirán pronto en una “movilización ciudadana” al estilo de la “algarada juvenil” contra la llamada “ley pulpín” en 2014 y 2015 o el “bochinche” callejero en noviembre de 2020, que “se cargó” el gobierno de Manuel Merino.

Acá Arce no se diferencia de sus pares “de izquierda”. No cree que en el Perú la sociedad es más resilente de lo que se presume y la población es mucha más “abyecta” de lo que parece. En nuestra historia, raras veces peruanos y peruanas se han echado espontáneamente a la calle para protestar. Generalmente, fueron otros quienes les alentaron a hacerlo. En la actualidad, desde los grandes medios de comunicación.

Mal llamada “ley pulpín”, fue el estudiantado “progre” y “rojo”, quien a fines de 2014 se echó a la calle en Lima contra la Ley que promueve el acceso de jóvenes al mercado laboral y a la protección social aprobada por el Congreso ese año. De inmediato, hubo políticos oportunistas que se aprovecharon de la protesta. Entonces comenzó la perenne y excesiva cobertura de los grandes medios de comunicación alentando las marchas. Atrás de los líderes estudiantiles había reporteros, fotógrafos y camarógrafos. Como es costumbre, cuando aparecieron los “tirapiedras” de siempre los grandes medios de comunicación no los condenaron. A inicios de 2015, el Congreso derogó la ley.

Hinchados de gloria, estos líderes estudiantiles (el diario La República les dedicó una laudatoria portada) se enfocaron en su siguiente objetivo: la conocida “televisión basura”. La marcha contra la “televisión basura” fue un fracaso, porque los grandes medios de comunicación les quitaron la cobertura. Sin reporteros, fotógrafos ni camarógrafos, la romantizada “movilización estudiantil” se desinfló más rápido que globo pinchado.

Igual sucedió en noviembre de 2020. Los dos primeros días del gobierno de Manuel Merino era la muchachada “roja” y “rojimia” protestando en el Centro de Lima, con los infaltables “tirapiedras” peleando con la Policía Nacional. Fue al tercer día cuando los grandes medios de comunicación empezaron a alentar las manifestaciones con una cobertura constante de titulares tras titulares. En pleno “bochinche”, había reporteros, camarógrafos y fotógrafos, más comentaristas en las salas de prensa. Sin los grandes medios de comunicación, el desenlace hubiese sido distinto.

¿No me cree?. Cuando el Congreso instaló el gobierno de Francisco Sagasti, la muchachada “roja” y “rojimia” no estaba contenta. Quería seguir protestando, inspirada en el “estallido social” chileno del año anterior. Algunas voces pregonaban que ahora la lucha era para activar un proceso constituyente y obtener una nueva Constitución. De inmediato, los grandes medios de comunicación les quitaron toda la cobertura. En pocos días acabaron las protestas.

De qué “movilización ciudadana” habla Arce, porque los grandes medios de comunicación no están por la caída de la Presidenta de la República. Al menos, no ahora.

 

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