Llegó el pensamiento identitario ("ESPECIAL")

 

Quizá ha oído hablar sobre el podcast titulado “Pitucos marrones”. Uno de los integrantes es un conocido en la red social YouTube llamado Hugo Lezama.

Lezama, quien solía publicar vídeos en YouTube comentando críticamente la televisión o el cine, causó polémica a partir de una entrevista que, en otro podcast (¡es una “fiebre”!), el actor y productor televisivo Jesús Alzamora le hiciera. Lezama conminaba a Alzamora, un hombre de piel clara, para que aceptase ser un “blanquito privilegiado”, un “pituco”. Alzamora replicó preguntando a Lezama, quien es trigueño, en cuál universidad había estudiado y éste respondió que, en la Pontificia Universidad Católica del Perú: una de las universidades privadas más caras y elitistas de este país. Lezama, dándose cuenta de la pregunta, recalcó que él es “privilegiado”, pero no “pituco”. ¿Por qué no sería “pituco”?. Porque Lezama es “marrón” y tiene “conciencia social”. ¿Por qué Lezama tiene conciencia social?. Porque es un hombre “de izquierda”?. El silogismo sería el siguiente: Lezama no es “pituco”, porque es “marrón” y tiene “conciencia social”. Tiene “conciencia social”, porque es “de izquierda”. Por ende, no es “pituco”, porque es un hombre “de izquierda” y “marrón”.

Recapitulemos. El viejo mantra de la “lucha de clases”, burguesía versus proletariado, como sostenían los marxistas ortodoxos, quedó obsoleto. Nunca estalló una revolución comunista en ninguna sociedad industrializada. Los leninistas redibujaron el dogma para convertirlo en la lucha entre “ricos versus pobres”, “capitalistas versus obreros”, “terratenientes versus campesinos”. Ésta fue la bandera ideológica de los partidos comunistas (con o sin esa denominación) en el siglo XX.

No obstante, ¿qué sucede cuando el crecimiento económico, el desarrollo humano y la integración comercial permiten la movilidad social?, ¿qué sucede cuando millones de personas dejan la pobreza y pasan a conformar las clases medias?, ¿qué sucede si antes eras un obrero y hoy eres un pequeño o mediano empresario?, ¿qué sucede si tú no terminaste la educación básica, pero tus hijos son profesionales con título universitario?, ¿qué sucede si tus ancestros fueron campesinos jornaleros, pero tú eres un empresario agroexportador?. Ya no es posible la “conciencia de clase”. Por tanto, para los “neo-marxistas”, surgidos en la segunda mitad del siglo XX (la Escuela de Frankfurt, por ejemplo), el discurso debe readaptarse para "deconstruir" las identidades con nuevos factores (la raza, el género, la etnia, la orientación sexual, etc.) y volver a acentuar las diferencias. Bienvenidos al “identitarismo”, donde no hay personas sino “identidades”.

¿Cuál es el “identitarismo” de Lezama?. Uno muy primario, donde si eres un hombre de piel clara, con estudios superiores y buena posición económica eres un “privilegiado”. Alguien malo por naturaleza. Entonces Lezama y sus amigos serían los “buenos”, porque son “marrones” y “de izquierda” y acusan a los “privilegiados”. Si odias los privilegios y las injusticias, debes estar con ellos. De lo contrario, eres un “privilegiado” más, un “traidor”, un “facho”. Es un pensamiento plagado de falencias. ¿Dónde entraría una mujer de piel clara, pero sin estudios superiores, frente a una “marrón” que sí los tiene?. ¿Dónde entrarían, por ejemplo, los habilidosos descendientes de inmigrantes chinos o japoneses?, ¿también serían “privilegiados” frente a los “marrones”?. Los afrodescendientes, ¿no estarían desfavorecidos frente a “marrones” privilegiados como Lezama?. Por último, inmigrantes venezolanos de piel clara, que habrían comenzado de la nada cuando llegaron a Perú hace poco tiempo y ya tiene un patrimonio bien ganado, ¿dónde están sus “privilegios”?.

Un razonamiento tan ramplón como el de Lezama impregnó hace sesenta a setenta años la política y la intelectualidad de Perú y el resultado fue la dictadura del general Juan Velasco Alvarado en la década de 1970. No por nada Lezama exhibe en su cabina de grabación una pequeña fotografía de Velasco. Ya sabemos por dónde van los tiros, ¿no?.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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