Por segunda vez el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República se reunió en el Palacio de Gobierno con reservistas y licenciados de las Fuerzas Armadas. Quiere “cortejarlos”, porque les ha ofrecido una “mesa de diálogo” para atender sus reivindicaciones económicas y sociales. Uno de ellos le prometió que “tomarían las armas” si fuera necesario.
Todos sabemos que el “hombre sin sombrero” está urgido de apoyo político, a medida que el Ministerio Público y el Poder Judicial cercan penalmente a él y su familia y debilitan políticamente cada vez su Gobierno. Creyendo que ya tiene de su lado a las rondas campesinas, los sindicatos de izquierda radical y los mineros ilegales, el “hombre sin sombrero” quiere tener también a los reservistas y licenciados de las Fuerzas Armadas. Un vocero de quienes estuvieron en el Palacio de Gobierno anunció que pronto vendrían a Lima diez mil de ellos. Vendrían por su pliego de demandas y aceptarían reunirse con quien les ofrezca soluciones. No significa que esos diez mil estén dispuestos a defender en las calles al Gobierno nacional.
El “hombre sin sombrero” tiene claro en este momento a quienes considera sus enemigos: el Congreso, el empresariado y los grandes medios de comunicación, que los culpa de estar detrás de fiscales y jueces. No me sorprendería que ahora incluya a las Fuerzas Armadas, hacia quienes nunca ha tenido simpatías. La exitosa operación militar antiterrorista contra Sendero Luminoso “pro-seguir” en la zona del VRAEM ha envalentonado a las Fuerzas Armadas. Para quien escribe, lo suficiente como para haberse “cargado” al odioso Ministro de Defensa, con quien no querían compartir el reconocimiento por la operación y tenían “cuentas pendientes” que cobrarle. Por eso el “hombre sin sombrero’ habría concebido la necesidad de “neutralizar” a las Fuerzas Armadas y “cortejar” a reservistas y licenciados sería una forma de hacerlo. Como reservistas y licenciados provienen de la tropa profesional o la oficialidad media, siempre en contacto con sus compañeros en actividad, puede comenzar (si alguien no comenzó antes) a introducir el discurso de “lucha de clases” al interior de las Fuerzas Armadas poniendo a la tropa en contra de la oficialidad, a la oficialidad media en contra de la alta oficialidad o a los reservistas y licenciados en contra de los militares en actividad.
Si algo llena de pavor a los militares (en el Perú como en el resto de América Latina) es que alguien foráneo intente quebrar la unidad de las Fuerzas Armadas. Si los militares empiezan a percibir (si no lo hacen ya) que el “hombre sin sombrero” quiere atentar contra la unidad de las Fuerzas Armadas, podremos estar seguros que habrá una intervención militar para acabar con esa amenaza. El “hombre sin sombrero” juega con fuego y se quemará.
Nota
aparte:
el “hombre sin sombrero” no controla la política exterior. A menos de un año de
haber restablecido relaciones con la inexistente República Árabe Saharaui
Democrática, el Perú las volvió a romper. La izquierda radical peruana no está
contenta.
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