El prospecto Carlos Álvarez

 

El cómico Carlos Álvarez dio una entrevista para el diario Perú21, la cual -sin embargo- no tuvo mucha repercusión en otros medios de comunicación.

Con una larga carrera en la comedia y la imitación, Álvarez es una figura pública conocida y popular, que parece sentir tentación por el “bichito” de la política. La mentada entrevista es sobre temas políticos, donde el cómico va evidenciando su pensamiento.

No resumiré la entrevista, pero sí señalaré tópicos sobre ésta: el elemento central en el discurso de Álvarez es la seguridad. Pide “mano dura” contra la delincuencia común y la criminalidad organizada, que nos afecta económica y socialmente. Aboga por tener militares en las calles y hasta por aplicar la “pena de muerte” y si eso implica salirnos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, nos saldremos. No faltarían las comparaciones con el sátrapa salvadoreño Nayib Bukele. Hasta aquí no hay mucha diferencia con sectores “de derecha”.

Hay también un elemento “antisistema” en el discurso de Álvarez. En la entrevista, aunque sin ahondar en la materia, habló de “reformar” el Ministerio Público y el Poder Judicial. También fue muy crítico con el Congreso y los congresistas. En esta parte, no hay mucha diferencia con sectores “de izquierda”. No obstante, no fue particularmente duro con la Presidenta de la República y su Gobierno, pero sí expresó que, si ella era incapaz de enfrentar los graves problemas actuales del país, mejor renunciara.

Hace tiempo se rumorea en la opinión pública que Álvarez tiene aspiraciones presidenciales y podría ser candidato en las siguientes elecciones generales. Personajes como el psicólogo Juan Carlos Tafur parecen alentarlo. En la entrevista, Álvarez dijo que no le interesa ser candidato, pero faltan dos años para la campaña electoral y podría cambiar de opinión.

Quien escribe sostiene que muy pronto surgirá un candidato que, en campaña electoral, sabrá capitalizar todo el descontento ciudadano con la Presidenta de la República, el Congreso y los partidos políticos, a consecuencia de la corrupción administrativa, el estancamiento económico y la inseguridad pública. ¿Ese hombre sería Álvarez?. No lo sé. Su discurso duro necesitaría “afinarse” para capitalizar el descontento y, a su vez, proyectar la esperanza por un mañana mejor. Necesitaría lograr una mayoría social: apoyo de hombres y mujeres, ricos y pobres, urbanos y rurales, jóvenes y adultos mayores, etc.

Ignoro si Álvarez podría ser el hombre que se transforme en un caudillo, capaz de movilizar masas y convertir su nombre o apellido en la marca de un movimiento político, pero un rasgo de su primigenio discurso duro, que lo he advertido como parte del discurso duro de ese líder político y candidato presidencial en ciernes, sería el menosprecio a la Constitución de 1993 y la democracia restaurada en 2001. De otro lado, aunque en la entrevista no lo esbozó, el pensamiento económico de Álvarez no estaría reñido con la economía de mercado.

Faltan dos años para averiguar si mi vaticinio se cumple en la persona de Carlos Álvarez.

 

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