Au revoir Verónika Mendoza

 

La ex congresista Verónika Mendoza, comunista afrancesada, se pronunció. Mejor dicho, fue su movimiento político, el cual ella ha sido incapaz de inscribir ante el Jurado Nacional de Elecciones los últimos cinco años.

El pronunciamiento de Mendoza no fue contra el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su putrefacto Gobierno, de quien ella fue “aliada” varios meses. Tampoco contra el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista. No, fue contra el Congreso, porque la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales archivó las denuncias penales contras las tres cabezas de turco a quienes sectores “de izquierda” culpan por la muerte de dos jóvenes durante las violentas marchas callejeras en Lima que “se cargaron” el gobierno de Manuel Merino, en noviembre de 2020.

Tras señalar con su dedo acusador, la neo-marxista Mendoza mostró su talante despótico, inculto y retardatario: exigió el “cierre del Congreso” y un proceso constituyente para redactar una nueva Constitución. Cada vez que ha podido, Mendoza o sus adláteres exhiben el odio que profesan hacia la Constitución de 1993, al mismo tiempo que se declaran “demócratas”, pese a que con ese texto el Perú transitó hacia la democracia en 2001 y se instalaron nueve gobiernos nacionales. Como en 2017, ha llamado a “cerrar el Congreso”, a pesar que provino de comicios libres. Podemos discrepar con quienes integran el Congreso y estar de acuerdo o no con las decisiones aprobadas por mayoría, pero lo que exige Mendoza es “cargarse” la voluntad popular libremente expresada en las ánforas.

¿Por qué Mendoza no se pronuncia contra los escándalos políticos y las denuncias de corrupción administrativa en el Gobierno nacional?. Dudo mucho que usted oiga a ella o sus corifeos, por ejemplo, indignados por la revelación periodística sobre el helipuerto artesanal que el “hombre sin sombrero” habría ordenado construir en Chota para que aterrice el helicóptero del Ejército cada vez que viaja a Cajamarca para visitar a sus progenitores. Mendoza cree que podrá sobrevivir a la putrefacción del “hombre sin sombrero”. Por eso se envuelve en las banderas izquierdistas cuando la conducta política de ella y su sequito en casi un año ha sido deleznable: callaron cuando debieron criticar, aplaudieron cuando debieron protestar, se acomodaron cuando debieron alejarse, etc. Mucha gente no lo olvidará.

A diferencia de Cerrón, quien puede sobrevivir negociando en el Congreso con la oposición “de derecha” la instalación de un Gobierno interino y la participación de su movimiento político en futuros comicios, o el ex congresista Richard Arce, el único en la izquierda radical que no se juntó al “hombre sin sombrero”, Mendoza no sobrevivirá políticamente a este nefasto experimento “rojo”.

Ella es tan cínica que, probablemente, sería candidata presidencial, por tercera vez, en las elecciones generales que se celebrarían al año siguiente de la caída. Mejor. Así la veríamos recibir una “paliza electoral” que la regrese a donde no debió salir jamás.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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