En un momento de debilidad, leí la columna de opinión del psicólogo Juan Carlos Tafur en el portal web periodístico sudaca.pe.
En el artículo de ese día, Tafur dijo -sin mayores pruebas- que la Constitución de 1993 está “ganando” la “batalla ideológica”. Menospreció las últimas encuestas de opinión, donde la mayoría de sondeados comienza a mostrarse favorable hacia una nueva Constitución diciendo que eran “preguntas teledirigidas”. Cuando las mismas encuestas sondean la aprobación o la desaprobación de la Presidenta de la República o el Congreso, ahí Tafur sí avala cada punto porcentual de los resultados.
En su artículo, Tafur repite el mismo rollo que casi todas las voces en los sectores “de derecha”: la Constitución de 1993 trajo “crecimiento económico”, “prosperidad”, “inversión”, etc. Para Tafur, como para casi todos en los sectores “de derecha”, la Constitución como la norma fundamental no es un pacto que la sociedad acepta para regular las relaciones entre los individuos y entre los individuos y las autoridades. No, es un “programa económico”. Encima uno que no es liberal sino “socialcristiano”.
La economía está compuesta de ciclos inevitables: crecimiento, recesión, recuperación y depresión. Tres factores inciden en la prosperidad: producción, productividad y competitividad. Para que una sociedad prospere, requiere un conjunto de normas que promuevan la iniciativa individual, la inversión, el ahorro y el derecho de propiedad. También instituciones e imperio de la ley que protejan la libertad económica. Por tanto, no existe ningún “texto mágico” ni ninguna “norma que cambió la historia”.
¿Por qué los sectores “de derecha” se empeñan en repetir esa falacia?. Con excepciones, no saben nada ni tienen idea de nada. Son incapaces de entender que el discurso de “lucha de clases” de la izquierda radical se ha plasmado en la Constitución de 1993 hace rato. Imagine que usted, inconscientemente, se ha comido el cuento marxistoide de que la Constitución de 1993 favorece a “los ricos, los limeños y los corruptos” (mentiras, por supuesto), que por eso ellos no quieren cambiarla. Entonces oye o lee a los empresarios, los grandes medios de comunicación y los políticos “de derecha” repetir aquella monserga economicista para defender la Constitución de 1993 o proclamar que el Título Económico “no es negociable”. ¿Acaso no es música celestial para “rojos” y “rojimios”?, ¿acaso usted, con la cháchara clasista en la cabeza, no exclamaría “¡Con razón no quieren una nueva Constitución!”?.
En vez de recurrir a falacias o mentiras, los sectores “de derecha” debieran defender la Constitución de 1993 con argumentos inobjetables: sirvió para la transición hacia la democracia entre 2000 y 2001, a su amparo ha habido diez gobiernos nacionales y siete congresos, además de innumerables autoridades regionales y locales. Por supuesto, nos ha garantizado el periodo más largo de democracia ininterrumpida en la historia del Perú: más de veintidós años.
Por desgracia,
creo Tafur y los sectores “de derecha” ya están defendiendo un “cadáver”.
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