Noticias desde Chile: en las recientes elecciones constituyentes, sectores “de derecha” obtuvieron más de la mitad del porcentaje de votos válidos y una mayoría de escaños.
Hace dos años hubo otras elecciones constituyentes, donde los sectores “de izquierda” se hicieron con una mayoría aplastante redactando un proyecto de Constitución demasiado extremista para el gusto de la mayoría de chilenos y chilenas, que fue ampliamente rechazado en plebiscito el año pasado. Sería el segundo intento de cambiar la Constitución de 1980, redactada por la dictadura del general Augusto Pinochet, cuya voluntad popular de cambio fue expresada abrumadoramente en un plebiscito de 2020. Un nuevo proyecto de Constitución deberá ser ratificado en otro plebiscito a final de año.
Como en el
Perú hay una minoría pro-chilena ideológicamente trasversal que siempre está
pendiente de lo que ocurre en Santiago para replicarlo en Lima, conviene
analizar los paralelismos con el caso peruano:
a) En
Chile, la Constitución de 1980, ratificada en un polémico plebiscito, fue
reformada íntegramente en 2005. Ni siquiera tiene la firma de Pinochet sino del
entonces presidente chileno Ricardo Lagos. En el Perú, la Constitución de 1993,
elaborada bajo la dictadura de Alberto Fujimori y ratificada por escasísimo
porcentaje de votos en un cuestionado referéndum, tuvo reformas parciales y
puntuales, pero la mayor parte del articulado es el original. No tiene la firma
de Fujimori desde 2001. En ambos casos, esas constituciones sirvieron para
transitar desde la dictadura hacia la democracia.
b) En
Chile, los sectores “de derecha” están defendiendo ideales, principios y
postulados antes que una norma constitucional en particular. Al contrario, sus pares
peruanos están en la defensa del status
quo, renunciando a defender ideales, principios y postulados (aunque
alucinan que están en “batalla cultural”), y se aferran a tal o cual
disposición constitucional que les conviene.
c) En
Chile, los sectores “de izquierda” están cohesionados en cuanto al propósito de
cambiar todo el articulado en materia económica. Por el contrario, sus pares
peruanos no: la izquierda radical sí quiere desaparecer el “título económico”,
mientras la “progresía” limeña sólo quiere añadir más "derechos" y
reformar el sistema político.
d) En Chile, existe un justificado descontento mayoritario con el gobierno de Gabriel Boric y los sectores “de izquierda” que los sectores “de derecha” han capitalizado. En el Perú, sectores “de izquierda” están “quemados” por su complicidad o ambivalencia con el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo antes del 07 de diciembre y los sectores “de derecha”, literalmente, están en nada. Nadie está capitalizando el descontento mayoritario con la Presidenta de la República y el Congreso y si quien lo haga en los próximos comicios generales quiere un proceso constituyente, lograría activarlo. Ahí quisiera ver qué haría gente como el joven abogado Lucas Ghersi, el hijo del ex diputado Enrique Ghersi.
Por ahora,
miro a Chile con cierta envidia.
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