Si quieren engañarse...

 

En su portal web sudaca.pe, el psicólogo Juan Carlos Tafur afirmó que la iniciativa de un proceso constituyente en el Perú “no prende”.

Basa su conclusión en los porcentajes de la última encuesta de opinión del izquierdista Instituto de Estudios Peruanos: resultados que Tafur califica de “jugosos”. No perderé tiempo o tinta reseñando cifras del IEP. Si usted quiere conocerlas, puede buscarlas en el diario La República que las publicó recientemente. Sin embargo, como el IEP, otras encuestadoras señalan lo mismo: un proceso constituyente es una de las últimas prioridades de la ciudadanía sondeada.

No solamente es Tafur. Casi todos en sectores “de derecha” concuerdan: la mayoría de la gente no quiere un proceso constituyente, la mayoría de la gente no quiere una nueva Constitución. Descontando mis dudas sobre las metodologías demoscópicas de las encuestadoras, Tafur y esos sectores “de derecha” no consideran tres factores relevantes antes de asegurarnos que no habrá un futuro proceso constituyente.

La interrogante que debiéramos plantear a la ciudadanía no es si quiere o no una nueva Constitución sino si está dispuesta o no a defender la Constitución de 1993, cuya “legitimidad de origen” es cuestionada, pero que ganó “legitimidad de ejercicio” por haber servido para la transición hacia la democracia en 2001. ¿Pueden Tafur o sectores “de derecha” afirmar que habría ciudadanos defendiendo públicamente la Constitución de 1993?. La Constitución de 1979, cuya “legitimidad de origen” nunca fue cuestionada, pero cada vez más deslegitimada en ejercicio, no fue defendida en las calles de Lima más que por un puñado de personas tras el golpe de estado del 05 de abril de 1992. ¿Quién estaría dispuesto a defender la Constitución de 1993, cuya “legitimidad de ejercicio” ya es cuestionada, si quienes deben defenderla (los políticos), no lo hacen o la violan?.

La iniciativa del proceso constituyente por sí sola no tendría mucha aceptación ciudadana. No obstante, ¿qué pasaría si un político pragmático y calculador, en ascenso al poder, astutamente, se envuelve en la bandera constituyente para atacar a los partidos políticos y, sobre todo, al odiado Congreso?, ¿no creen tendría amplio apoyo popular?. Hay un antecedente similar: en 2018 al nefasto gobierno de Martín Vizcarra no le fue difícil convocar un referéndum constitucional y ganarlo ampliamente “abanderando” la lucha anticorrupción para, por ejemplo, “cargarse” el entonces Consejo Nacional de la Magistratura y sustituirlo por un “mostrenco”. Un año antes hubiese sido impensable.

Por último, estamos en los estertores del ciclo político iniciado el 22 de noviembre de 2000. No sería la primera vez que el cambio de ciclo político implica un cambio constitucional: la “República Aristocrática”, el régimen político-oligárquico surgido de la Revolución de 1894, cayó en 1919 y arrastró consigo la moderada Constitución de 1860, cuestionada desde varios años antes por políticos e intelectuales anti-oligárquicos.

He aquí mi argumentación. Ustedes pueden aceptarla o como Tafur, engañarse...

 

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