Hace buen rato que la dirigencia política está desubicada y tenemos ejemplos para probarlo.
Venció el plazo para que alcaldes, regidores, presidentes regionales y consejeros regionales renuncien a sus cargos si desean participar en las elecciones generales del próximo año. Finalmente, César Acuña, el “curaca Acuña”, renunció al Gobierno Regional de La Libertad. En realidad, Acuña nunca quiso regresar a La Libertad, pero se había quedado sin tribuna política y necesitaba una. Como lo expresó en su grandilocuente comunicado de renuncia, él ha sido parlamentario, alcalde y presidente regional y desea llegar al Palacio de Gobierno. Lo desea hace tiempo. Ahora Acuña será candidato presidencial y senatorial, pero sólo le queda conseguir una senaduría. Su momento pasó y hoy es uno de los políticos más odiados del país.
Otro desubicado es Rafael López Aliaga, quien -por fin- renunció a la Alcaldía de Lima. Hasta el último minuto ha hecho lo que se le vino en gana, mientras no paraba de mentir. Utilizó niños para un acto político (¡qué asco!), inventó cuentos y hasta denunció un supuesto magnicidio. En concreto, ha dejado varias obras públicas inconclusas, multimillonarios arbitrajes perdidos (cada vez que intentó “cargarse” las concesiones viales violó la Constitución de 1993), varios de años de endeudamiento (¿de dónde creen que obtuvo tanto dinero?), una lista de promesas incumplidas y, como recordamos de esa entrevista de TV con el periodista Christian Hudtwalcker, la demostración que “no tiene palabra”.
López Aliaga está tan consumido por su ambición política que no le importa nada ni nadie. Presume que, después de todo lo que ha hecho y dicho, arrasará electoralmente con su candidatura presidencial. Si aún le queda sensatez, López Aliaga debiera buscar su senaduría, porque sus enemigos políticos, a ambos lados del espectro ideológico, tarde o temprano, irán por él.
Por último, el mayor de los desubicados, el “porno-filo” nuevo Presidente de la República. Su Excelencia cree que gobernar es grabar videos en la red social TikTok en horas de la madrugada, tomar café con un alcalde levantisco, pasearse por cárceles y encandilar a sus oyentes. Mientras tanto, no hay gabinete ministerial. La Constitución de 1993 (también la Constitución de 1979) señala que todos los actos del Presidente de la República son nulos si no tienen refrendo ministerial y no existen “ministros interinos”. Por tanto, Su Excelencia, con ese aspecto nerd que tiene, puede abrir las puertas del Palacio de Gobierno a quien guste y departir con quien desee, pero no puede promulgar leyes ni firmar decretos supremos, resoluciones supremas ni decretos de urgencia. Tampoco hay resoluciones ministeriales, porque no tenemos ministros.
Hasta este momento, el Presidente de la República sigue sin ministros. Quizá los designe en las próximas horas, pero, probablemente, esos nombres y esos apellidos no serán mejores que él y la debilidad política del Gobierno interino continuará aumentando.
Tenemos más
casos de desubicados, pero bastan para mostrar un país desubicado.
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