Peligrosa desidia

 

Oyendo o leyendo a los voceros más representativos de la influyente “progresía” limeña, creo existen hoy dos tendencias sobre la crisis política e institucional en el país.

Una de éstas hace rato perdió toda esperanza en el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y quiere que su incompetente, corrompido e ideologizado Gobierno finalice lo antes posible, porque está arruinando al Perú. La otra tendencia también ha perdido las esperanzas, pero hace poco o nada para lograr la caída del “hombre sin sombrero”. No pide su renuncia, porque alega que éste no renunciará. Insiste en culpar al Congreso por, supuestamente, “no hacer nada” para quitar del poder al “hombre sin sombrero” y lo equipara políticamente con el Gobierno nacional. Por último, afirma que el “hombre sin sombrero” sólo caería cuando salgan a las calles de Lima -por ejemplo- cien mil manifestaciones y, mientras no ocurra (tampoco hace algo al respecto), el “hombre sin sombrero” se quedaría hasta el año 2026.

Esos “progres” preferirían que el “hombre sin sombrero” arruine el país (siempre pueden abordar un avión y viajar al extranjero) antes que aceptar la verdad: sus adversarios, los sectores “de derecha”, tenían algo de razón.

Estos “progres” conforman la élite política, intelectual y periodística y contribuyen a “distorsionar” la percepción colectiva frente a la dramática situación del país. Hablan que debe haber “diálogo” y “consenso” (como han pedido Argentina, Bolivia, Ecuador y México) entre los políticos para hallar una salida, pero compadecen al “hombre sin sombrero” (ay, la victimización) y minimizan o ignoran su lenguaje cada más agresivo y polarizante (extraído del discurso de “lucha de clases”) hacia el Congreso, los grandes medios de comunicación y el empresariado, a quienes culpan de las acciones del Ministerio Público y el Poder Judicial contra los numerosos casos de corrupción administrativa que cercan al Palacio de Gobierno.

Así como afirman que aún “no prenden” las protestas masivas contra el “hombre sin sombrero”, subestiman la posibilidad de la movilización de rondas campesinas, sindicatos, turbas de izquierda radical y el lumpen hacia Lima a favor del Gobierno para provocar enfrentamientos entre peruanos y destrucción de propiedad pública o privada. Como desdeñan el factor ideológico (no creen que el “hombre sin sombrero” sea comunista), rechazan que quienes pudieran movilizarse a favor apelen a la “violencia revolucionaria”: el bloqueo de carreteras para “asfixiar” Lima, protestas salvajes en el Centro Histórico, el asalto al Palacio Legislativo para incendiarlo, la agresión física a opositores, el ataque a sedes de los grandes medios de comunicación, etc. “Violencia revolucionaria”, que cobraría vidas y precipitaría la intervención de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional: así nos lo han hecho saber veladamente en un reciente comunicado oficial como otro pronunciamiento.

Esta desidia de una parte de la “progresía” limeña, motivada por sus odios enfermizos y sus actitudes malsanas, puede costar muy caro al Perú.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores