El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República dio su Mensaje a la Nación ante el Congreso por 28 de julio.
Aquí no repasaremos nada del discurso: una colección de palabrería vacía, falsedades, promesas demagógicas y victimismo. Me interesa analizar el ambiente político al que llegó el país a un año del “hombre sin sombrero” en el poder: crisis económica, escándalos políticos y denuncias de corrupción administrativa, problemática social, descomposición institucional. En pocas palabras, caos y desorden que nos están conduciendo a la desesperación por hallar una salida.
Cuando el “hombre sin sombrero” fue al Palacio Legislativo (la oposición “de derecha” rehusó integrar las tradicionales comisiones de anuncio y recibimiento), congresistas como Carlos Anderson, Adriana Tudela y Alejandro Cavero se retiraron del Hemiciclo Principal. Otros como la congresista Norma Yarrow, optaron por “darle la espalda”. Muchos congresistas opositores leían, jugaban con sus teléfonos celulares. Faltando poco para terminar, estalló la cólera. Comenzando por la congresista Patricia Chirinos, quien afirma haber llorado de “impotencia”, le llovieron insultos al “hombre sin sombrero”: “¡Fuera!”, “¡Ladrón!”, “¡Corrupto!”, “¡Renuncia!”. El “hombre sin sombrero” no acabó y salió abruptamente del Hemiciclo Principal. Afuera del Palacio Legislativo, turbas de simpatizantes y detractores gritaban y coreaban consignas.
La desesperación empieza a apoderarse de muchos políticos y líderes de opinión. En los sectores “de derecha”, están perdiendo la esperanza que el Congreso pueda destituir al “hombre sin sombrero” por “incapacidad moral permanente” (no hay ni jamás hubo 87 votos en la Cámara) y comienzan a ilusionarse con la intervención militar. Pretextando un desaire a los comandos antiterroristas retirados Chavín de Huántar en el desfile militar del 29 de julio, Luis Giampietri, ex congresista y vicealmirante retirado, llamó públicamente a las Fuerzas Armadas que se “subleven” contra el “hombre sin sombrero”. Otros personajes “de derecha”, como el periodista Juan Paredes Castro, secundaron el pedido y dijeron que, si no lo hacían, significaría que “apoyan” al Gobierno nacional. Como no sucedió, no me sorprendería si insultaron a los tres comandantes generales, pero los llamamientos a la intervención militar, creo, no cesarían. He dicho antes que no descarto la intervención militar como el desenlace trágico a esta crisis política e institucional, pero quien escribe jamás la ha alentado. Tanto decir que defienden la Constitución de 1993 y en los sectores “de derecha” acarician la idea de un golpe de estado.
Al otro lado la situación no es mejor. La “progresía” limeña como elite quiere deshacerse del “hombre sin sombrero” y empieza a desesperarse. Tampoco cree que el Congreso lo destituya y adelante las elecciones generales. De ahí que, por ejemplo, el abogado Luciano López o el ex procurador ad hoc César Azabache planteen públicamente aplicar la Convención de Palermo de las Naciones Unidas, ratificada por el Perú en 2004, sobre “Delincuencia Organizada Transnacional”. Proponen que la Fiscal de la Nación solicite a la Corte Suprema de Justicia que “suspenda” al “hombre sin sombrero”. Esta acción quebraría definitivamente el “pacto” que funda la Constitución de 1993 desde el retorno a la democracia en 2001. El corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, (ex) socio político del “hombre sin sombrero”, lo sabe y si ocurriese, advirtió que consideraría habríamos entrado a un proceso constituyente.
No
obstante, lo peor es que la desesperación por hallar una salida empiece a
cundir en la población y ésta reaccione con actos de violencia política. Quizá sea inevitable, pero habrá
llanto y sangre.
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