El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República estuvo en Ayacucho. Fue para anunciar por enésima vez la masificación del gas natural. Ahora dijo que ésta comenzaría en allá, firmó una ley al respecto (más declarativa que normativa) y prometió otra “comisión de estudio”.
Sin embargo, el “hombre sin sombrero” pronunció un discurso muy agresivo y autoritario. Palabras más, palabras menos, dijo que había “llegado el momento” de acabar con “los políticos zánganos”. Se refiere a la oposición “de derecha” y “centrista” en el Congreso. También había “llegado el momento” de acabar con la “prensa mentirosa”. Se refiere a los grandes medios de comunicación, que revelan constantemente escándalos políticos y denuncias de corrupción administrativa en el Gobierno nacional. En televisión, radio y prensa escrita, no cesan los pedidos abiertos de renuncia o adelanto de elecciones generales. De paso, rechazó las últimas encuestas de opinión, que sondean su creciente impopularidad y debilidad política. Advirtió no permitiría más “maltratos” a su familia. De seguro lo dice por los casos penales relacionados con su cuñada, hermana menor de su mujer, su hija de crianza. Por último, quiso parafrasear una antigua consigna aprista y gritó que “sólo el pueblo salvará al pueblo”.
Temo que algo maquina el “hombre sin sombrero”. Necesita dar la vuelta a una situación política y legal, donde tiene en contra al Ministerio Público, el Poder Judicial, el Congreso, los grandes medios de comunicación, el empresariado y hasta la sociedad civil. Necesita un ejercicio de fuerza. Una demostración contundente de poder para que quienes considera sus enemigos no se metan más con él. No tiene de su lado a las Fuerzas Armadas para una aventura golpista y no puede utilizar a la Policía Nacional como instrumento represor.
Prácticamente, todos en la opinión pública subestiman el carácter violentista del “hombre sin sombrero”. Sumado a su precaria formación comunista, de donde aprendió la importancia de la violencia para infundir terror, debe estar llegando a la conclusión que necesita “meter miedo” para que la ciudadanía no se queje más y sus enemigos lo dejen tranquilo. En primera línea, cuenta con sus rondas campesinas, dispuestas a viajar hacia Lima con látigos, machetes y, quién sabe, hasta armas de fuego. También podría contar con los campesinos cocaleros de la selva, quienes tienen mucho que perder si cae el Gobierno nacional. Por supuesto, están disponibles las turbas de izquierda radical, que puede reclutar de sindicatos o el hampa.
Una de las claves del comunismo en el poder es la capacidad de pocos para dominar a muchos por medio de la violencia y el exterminio hasta intimidar a la población y cohibirla. “Terror rojo”, le dicen los historiadores. Lo que debe estar anhelando el “hombre sin sombrero” es saber cómo “fajar en cintura” al Perú, cómo dar una lección “a la mala” a la gran mayoría de peruanos y peruanas “para que aprendan”.
He ahí lo que temo. He ahí la “noche más oscura” que visualizo desde el primer día antes del nuevo amanecer.
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