El “porno-filo” Presidente de la República volvió a modificar el decreto supremo por el cual impuso el Estado de Emergencia en Lima y Callao, a consecuencia de la criminalidad organizada.
En el decreto supremo original, el Gobierno interino había añadido algunas disposiciones sin relación alguna con el régimen de excepción establecido en la Constitución de 1993. Con la prórroga, nuevamente, añadió disposiciones sin relación alguna. Una de ésas: cantar el Himno Nacional en plazas públicas y edificios estatales, domingos y lunes, a primera hora de la mañana.
Cuando a Su Excelencia se le ha cuestionado desde los medios de comunicación o la opinión pública por esa rara exigencia o el por qué no prioriza enmiendas a la legislación penal o procesal penal para combatir eficazmente la extorsión y el sicariato, respondió acusándoles de “anti-patriotas” por “oponerse” a cantar el Himno Nacional. Sectores “de derecha”, que apoyan el Gobierno interino, están encantados con esta medida, ya ridiculizada en las redes sociales.
En los Estados Unidos, cantar el himno de la nación o saludar la bandera de las estrellas es una expresión de patriotismo. En Perú, al contrario, se le ha atribuido siempre al Himno Nacional y demás símbolos patrios un “efecto mágico” de amor a la patria, como si cantar el Himno Nacional, saludar la Bandera Nacional o portar la escarapela (oficialmente no es un símbolo patrio) te volviera más peruano o peruana. Por tanto, serás buen ciudadano o buena ciudadana y no delinquirás. Este razonamiento anti-conductista y arcaico ha sido enarbolado por militares y militaristas.
Es célebre una anécdota de la década de 1950, durante la dictadura del general Manuel Odría, cuando el alcaide del Panóptico, la vieja Penitenciaria de Lima (donde hoy se encuentran el Centro Cívico y el Sheraton Lima Hotel), ordenó que todos los reos canten el Himno Nacional los lunes en la mañana. Más de un recluso habrá pensado lo absurdo de cantar el coro “Somos Libres” estando presos. En la década de 1980, cuando los militares ingresaban en los campus universitarios estatales buscando a los terroristas de Sendero Luminoso y sólo hallaban supuestos simpatizantes, éstos eran obligados a cantar el Himno Nacional delante de la Bandera Nacional izada en un algún mástil dentro del recinto. Quizá más de un uniformado habrá creído que si los senderistas cantaban “Somos Libres...”, ellos dejarían de ser senderistas.
La gran mayoría de peruanos y peruanas gusta cantar el Himno Nacional, incluso con las estrofas cambiadas en 2009. Cuando juega la selección nacional de fútbol y ésta gana, el público se emociona y espontáneamente canta el Himno Nacional embriagado de patriotismo. Libremente, como manifestación de cuánto quieren a la Patria cada uno de ellos. Esos sentimientos no existen cuando se canta por compromiso u obligación.
Por eso
esta disposición puede volverse contra el Gobierno interino, porque evidencia
que el “porno-filo” Presidente de la República (quien se comporta como un
adolescente engreído) no tiene ni idea de qué hacer.
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