Así es Verónika Mendoza

 

Si ve televisión, oye radio o tiene presencia en las redes sociales Facebook, Twitter o Instagram, conoce quién es Verónika Mendoza.

De ascendencia francesa por la rama materna, Mendoza es psicóloga de profesión, con estudios de pregrado y postgrado en Francia. Supongo allá bebió todo ese menjunje izquierdista que profesa, además de hablar quechua con ese tono afrancesado. Toda su experiencia laboral fue en ONG o universidades. De allí saltó al Partido Nacionalista y después a la política.

En 2011 Mendoza fue elegida al Congreso junto a varios “rojos” más que acompañaron al gobierno de Ollanta Humala, pero al año siguiente rompió con el oficialismo. Dijo que fue a consecuencia de las protestas anti-mineras en Cusco, pero realmente Mendoza rompió con Humala, porque le reprochaba a aquél haberse “moderado” (¿recuerdan la “Hoja de Ruta” de inspiración brasileña?) y abandonar el extremista plan La Gran Transformación.

Mendoza aún alega que esa ruptura política fue “por principios”, pero realmente ella es una fanática comunista: odia a muerte el modelo económico heredado de la década de 1990 y todo el tiempo pide una nueva Constitución para desmantelarlo. Tampoco cree en la democracia restaurada en 2001, como se desprende de sus “vetos al fujimorismo”, su apoyo al nefasto gobierno de Martín Vizcarra para que forzara la disolución de la Cámara y “se cargara” el Congreso el 30 de septiembre de 2019 y su aliento al “bochinche callejero” limeño que “se cargó” el gobierno de Manuel Merino en noviembre de 2020. Ya ni mencionemos sus veleidades sobre la Cuba comunista, la Venezuela bolivariana y la Nicaragua sandinista.

Sin embargo, durante el gobierno de Pedro Castillo, Mendoza mostró su peor rostro: no el rostro de una dogmática dispuesta a lo que sea por sus postulados ideológicos sino el rostro de una política oportunista. Si antaño se envolvía en la bandera feminista y decía luchar por los derechos de las mujeres, cuando obtuvo sus cuotas de poder mandó todo al traste. Si otrora posaba de “moralizadora” y pregonaba la lucha anticorrupción, cuando obtuvo sus cuotas de poder nada más le importó. Quienes consideraban a Mendoza “socialdemócrata” o, mínimo, de izquierda moderada pedían una ruptura política como en 2012, pero ella estuvo ciega, sorda y muda.

Mendoza tiene ese aire de “supremacismo” (aunque en cinco años fue incapaz de inscribir su movimiento político), típico de los “rojos”, quienes se sienten por encima de propios y extraños. Tras la intentona golpista del 07 de diciembre del año pasado y habiendo perdido antes todas sus cuotas de poder, Mendoza renació como feroz opositora contra la Presidenta de la República y su Gobierno. Cree saldrá airosa del desprestigio popular en el cual se ha hundido la izquierda radical. Si su candidatura presidencial de 2016 obtuvo 18.7% de votos válidos, en 2021 obtuvo 7.8%. Dudo muchísimo que una nueva candidatura presidencial suya remonte tales porcentajes.

Ahí está Mendoza, pensando que el Perú olvidará su demagogia y su conveniencia. En lo personal, es un personaje funesto.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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