Culminó el último paro de transportistas en Lima y Callao contra la criminalidad organizada, cada vez más imperante en Perú.
Empresas de transporte público de pasajeros o carga son constantes blancos de extorsiones o sicariato. También lo son numerosos rubros económicos: desde grandes empresas hasta pequeños negocios. Sin embargo, la paralización, que tuvo una convocatoria social amplia, apenas, alcanzó el 50% de quienes se suponía pararían. Durante la tarde, hubo una bulliciosa marcha callejera de los convocantes en la Plaza San Martín, en el Centro de Lima, pero sin mayor repercusión.
Una movilización de protesta se mide por la capacidad de convocatoria y la validación del pliego de reclamos. Evidentemente, quienes convocaron los paros del año anterior y convocaron el último han perdido capacidad de convocatoria. Creo el paro fracasó y los sectores “de derecha” que dominan el putrefacto Congreso y sostienen políticamente a la Presidenta de la República y su repudiado Gobierno “saltaron de felicidad”. No descartemos que haya dirigentes transportistas “vendidos” al Gobierno nacional o intimidados por éste con represalias si más transportistas se unían a la paralización.
Quizá hay un componente de “resignación”, propio de la idiosincrasia peruana. Todas las encuestas de opinión reflejan que hay bastante rabia, frustración y resentimiento acumulados en la sociedad, pero que no se expresan mayoritariamente en marcha callejera o protesta masiva sino en un estoico aguante. “¿Qué podemos hacer?”, “¡Así es la vida!” o “¡A cuidarnos nomás!”, podría decir alguien. Poca gente espera algo del Gobierno nacional, porque Su Excelencia y el impopular e “ilegítimo” Congreso no sólo se empeñan en mantener al "sucio" Ministro del Interior (¡bueno para nada!) sino que niegan el agudo problema de delincuencia común y criminalidad organizada.
Como sucedió con los años de la violencia terrorista en las décadas de 1980 y 1990, llegará un momento cuando el “aguante” flaquee y surja el deseo incontenible que la realidad cambie. No sé qué ocurrirá, pero algo ocurrirá que haga insoportable el status quo en el país y exprese el deseo mayoritario de cambio. Tampoco sé si ocurrirá con las elecciones generales del próximo año o, tal vez, antes en forma de “estallido social”, como el “Limazo” del 05 de febrero de 1975: el principio del fin para la dictadura del general Juan Velasco Alvarado.
Los paros de transportistas del año pasado consiguieron validar los reclamos: mayor seguridad pública y no más leyes pro-crimen. En el último paro se pedía, además, las renuncias del Ministro del Interior y el cínico Presidente del Consejo de Ministros. Desde el primer paro en septiembre anterior hasta hoy la realidad social continúa deteriorándose. Puede llegar pronto el día cuando las protestas masivas sean para exigir la renuncia de la Presidenta de la República, a quien se considerará la principal responsable política de la inacción gubernamental.
Los
sectores “de derecha” no tienen de qué celebrar, porque las tornas en el país
cambiaron muy pronto.
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