La opinión pública y cierta parte de la ciudadanía conocen quién es el economista Julio Velarde.
Hace casi dieciocho años que Velarde es Presidente del Banco Central de Reserva. Es un profesional solvente y homenajeado en el extranjero, quien ha sobrevivido a todos los gobiernos nacionales desde entonces. Exceptuando los “rojos”, quienes lo detestan, es aceptado por la dirigencia política, empresarial e intelectual del país. Quien escribe ha criticado a Velarde algunas veces (por ejemplo, al haber aceptado esa ley para “regular” tasas de interés bancarias, que viola la Constitución de 1993), pero el balance de su gestión ha sido positivo.
A consecuencia de su presentación al Foro Económico Mundial, que se celebra anualmente en Davos, Suiza, Velarde dio unas declaraciones poco reseñadas en los medios de comunicación. En primer lugar, dijo que la inestabilidad política sí ha comprometido el crecimiento económico. Para Velarde, esa inestabilidad empezó en 2016 cuando se instalaron el gobierno de Pedro Pablo Kucyznski y la mayoría absoluta fujimorista en el Congreso, pese a la convergencia ideológica.
Para Velarde, desde entonces, los políticos comenzaron a usar “mecanismos excepcionales” en la Constitución de 1993 para hacer política, como las destituciones presidenciales por el Congreso o la disolución de la Cámara, en referencia al nefasto gobierno de Martín Vizcarra, que “se cargó” el Congreso el 30 de septiembre de 2019. Para Velarde habría llegado el momento de “cambiar las reglas fundamentales” del sistema político y citó referencialmente a Ecuador, país que siempre fue políticamente convulso.
En Ecuador, en cierta forma, para evitar la tradicional inestabilidad política, fue creado en la Constitución de 2008 el mecanismo de la “muerte cruzada”: si el Presidente de la República disuelve la Asamblea Nacional, debe someterse él también a una relegitimación en las ánforas. De igual modo, si la Asamblea Nacional destituye al Presidente de la República, los asambleístas deben relegitimarse en comicios. Este mecanismo fue ideado para evitar una mutua destrucción política.
Velarde habría dicho implícitamente que, si hubiese existido un mecanismo similar a la “muerte cruzada” en Perú, nos hubiéramos ahorrado dos destituciones presidenciales, una disolución de la Cámara, dos gobiernos interinos y cuatro sucesiones constitucionales en seis años. Con estas palabras, abogaría por una “transformación” del sistema político. A los sectores “de derecha”, que dominan el Congreso y se han convertido en defensores del status quo, no creo les haya gustado las palabras de Velarde. No me sorprendería que ahora aleguen que Velarde se ha “vendido” a su enemiga, la soberbia y ensimismada “progresía” limeña.
¿Qué creen
sucederá si el Congreso rehúsa hoy o mañana modificar el sistema político?.
Poco a poco irá volviéndose más atractiva la propuesta de un proceso
constituyente para aquel candidato presidencial que sepa venderla bien en la
campaña electoral. Cuando llegue ese momento, nadie diga que alguien como Julio
Velarde no lo advirtió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario