Si ignoramos lo qué sucedió antes de nosotros, siempre seremos niños. Marco Tulio Cicerón, cónsul y jurisconsulto romano.
Guillermo Billinghurst era el Presidente de la República desde 1912, cuando fue elegido “extraordinariamente” por el Congreso. Antiguo militante del Partido Demócrata, Billinghurst tenía ante sí la poderosa maquinaria del Partido Civil, controlado por los hombres más ricos y las familias más adineradas del país, que hegemonizaba las instituciones desde la Revolución de 1894. Los civilistas tenían mayoría en el Senado y la Cámara de Diputados. Era la “República Aristocrática”.
Billinghurst, político y adinerado, era un demagogo de temperamento violento y lenguaje vulgar. No logró concretar alianzas: ni quisiera los demócratas, sus anteriores correligionarios, le apoyaban. Solo quedaron de su lado sus partidarios y aquellos que simpatizaban con su política obrerista. Billinghurst es recordado por la historiografía como el “primer gobernante populista” de la historia peruana. Precisamente, la tendencia populista del Supremo Gobierno llevó a Billinghurst hacia una progresiva confrontación con el Congreso. El punto más álgido fue a finales de 1913 cuando el Congreso bicameral culminó sus sesiones sin haber votado la ley presupuestal para el año siguiente. Por tal motivo, Billinghurst aprobó el nuevo presupuesto público por decreto-ley.
Entonces Billinghurst comenzó a soñar con “cerrar el Congreso” y convocar un plebiscito para reformar la Constitución de 1860. Quería la renovación total del Senado y la Cámara de Diputados cada cinco años, el aumento por un año más al cuatrienio presidencial, la creación de una “Sala Electoral” en la Corte Suprema de Justicia para garantizar la pureza del voto en las ánforas, etc. Todas eran iniciativas del senador Mariano H. Cornejo. Billinghurst no descartaba iniciar un proceso constituyente. Por su parte, “bandas gobierneras” de obreros y artesanos recorrían las calles de Lima aclamando a Billinghurst y atacando a opositores. Por ejemplo, colocaron un petardo en la puerta de la vivienda del presidente del Senado, Rafael Villanueva. Billinghurst consideró repartir armas de fuego a esas bandas que consideraba “fuerzas de choque”.
A inicios de 1914 un grupo de parlamentarios se reunió en la vivienda del diputado Arturo Osores para planear la destitución de Billinghurst por “incapacidad moral permanente”, conforme a la Constitución de 1860. Los conspiradores también se contactaron con los jefes militares. Mientras venían discutiendo cuando sería el momento oportuno para destituir a Billinghurst (antes o después que decretase el inconstitucional cierre del Congreso), un oficial del Ejército informó del complot a Billinghurst y éste ordenó la represión. El 02 de febrero el Supremo Gobierno apresó a varios políticos opositores, clausuró el diario opositor La Prensa, removió al Jefe del Estado Mayor del Ejército y dispuso el reparto de armas de fuego a las “bandas gobierneras” para convertirlas en milicias populares que le defiendan. Esta decisión precipitó los acontecimientos.
En la madrugada del 04, se pronunció la alta oficialidad del Ejército, asentada en Lima, contra Billinghurst. Tropas salieron del Cuartel Santa Catalina hacia el palacio presidencial. Al llegar al lugar, fueron recibidas con fuego de fusilería y metralla. El general Enrique Varela, entonces Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Guerra, héroe de la guerra contra Chile (1879-1883), fue asesinado mientras dormía en Santa Catalina. Al final, Billinghurst fue apresado, obligado a renunciar y después deportado a Chile: moriría en 1915. Como los vicepresidentes de Billinghurst jamás juramentaron (aparentemente, por maniobras políticas del propio Billinghurst), los golpistas formaron una Junta de Gobierno hasta la decisión final del Congreso.
Sucesos que
cambiaron el devenir del Perú.
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