En su homilía por el Domingo de Ramos, celebrada en la Catedral, el arzobispo de Lima, monseñor Carlos Castillo, fue ferozmente crítico con la Presidenta de la República y su Gobierno.
¡Oh, qué correcto es este “santo varón”!, pensaría cualquier feligrés católico. Su Eminencia, un “progre”, sin embargo, estuvo ciego, sordo y mudo antes del 07 de diciembre pasado, durante el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo. Para colmo, este clérigo hipócrita, vergüenza para la Iglesia Católica peruana, fue antes un cómplice del nefasto gobierno de Martín Vizcarra en el año 2020.
Hace un par de semanas vi una entrevista en el programa de televisión del periodista Jaime Chincha al conocido abogado Lucas Ghersi (hijo del ex diputado Enrique Ghersi) y la ex congresista Indira Huilca, conocida "rojaza". A consecuencia de los reclamos de Chincha, Ghersi hizo públicamente “mea culpa” (no le correspondía) por los errores políticos de los sectores “de derecha” desde 2016. No obstante, cuando Ghersi y Chincha conminaron a que Huilca hiciera lo mismo sobre los sectores “de izquierda”, ella cambiaba el tema para seguir señalando con su dedo acusador a los sectores “de derecha”.
Asimismo, en posterior edición del mismo programa de TV, Chincha entrevistó a Anahí Durand, ministra de la Mujer bajo el gobierno de Pedro Castillo. Cada vez que Chincha exigía a Durand que condenara el (torpe) intento de golpe de estado del 07 de diciembre pasado, por las semejanzas con el golpe de estado del 05 de abril de 1992, Durand se iba por las ramas, culpaba ¡a la dictadura de Alberto Fujimori! (más de veintidós años después de haber caído) y enfilaba sus ataques hacia la Presidenta de la República y el Congreso.
Por último, con 37 votos a favor, 64 en contra y 10 abstenciones, el Congreso rechazó la moción de destitución contra la Presidenta de la República por “incapacidad moral permanente”, presentada por congresistas “rojos” y “rojimios”. Congresistas que hace, apenas, seis meses alegaban que una moción de destitución presidencial era “anti-democrática”, tildaban de “golpista” a cualquiera que la propusiera o pidiera y querían una reforma constitucional para eliminarla so pretexto de la “estabilidad política”, dieron una voltereta discursiva de ciento ochenta grados para defender en la Cámara, sin mínimo rubor, lo que antes aborrecían, mientras atacaban a la Presidenta de la República y su Gobierno.
Si no capta esta universal actitud oportunista y cínica, se la muestro: es el “supremacismo moral”. Los sectores “de izquierda” siempre tienen la razón, aunque se equivoquen. Los sectores “de izquierda” siempre denuncian, protestan y critican, pero callan si les conviene. Los sectores “de izquierda” representan a todos, aunque nada les haya votado. Los sectores “de izquierda” siempre rechazan el mal, aunque ellos encarnen lo peor. Los sectores “de izquierda” tiene derecho a todo, los sectores “de derecha” no tienen derecho a nada.
Para quien
escribe, un adjetivo califica mejor a todos estos personajes: canallas.
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