Creo el periodista Gustavo Gorriti define mejor que nadie la pandemia viral COVID-19: “la peste”. Una peste que llegó a Perú hace cinco años y lo contaminó todo.
Ningún país estuvo preparado para la pandemia y Perú, menos que nadie. Empezando por el nefasto gobierno de Martín Vizcarra, ocupado en concentrar más poder que en gobernar, y bajo el interregno parlamentario que resultó lesivo a la nación. De haber estado funcionando el Congreso, hubiese habido interpelaciones al Ministerio de Salud. Posteriormente, el “psicópata” que nos desgobernaría treinta meses usaría la pandemia como pretexto para concentrar más poder aun, propiciar negocios turbios y venderse como “el hombre hecho para las crisis”, en palabras de la politóloga María Alejandra Campos. Después se vacunaría a escondidas con su mujer y su hermano.
Mientras en otros países estuvieron pendientes del rastreo de los contagios, la prevención de infecciones y la atención médica a los infectados, acá estuvimos distraídos por la “hegemonía comunicacional”. Los grandes medios de comunicación no cuestionaban al “psicópata”, quien todos los días al mediodía nos distraía con sus conferencias de prensa, previa preguntas escogidas. Según este maldito y la comparsa mediática, el enemigo a derrotar no era el virus sino los infractores al liberticida Estado de Emergencia, las personas quienes debían salir a trabajar o morían de hambre, las cadenas de farmacia, los proveedores de oxígeno medicinal, las clínicas privadas, los gremios empresariales que pedían reactivar la economía, la televisora privada Willax, etc.
Por supuesto, el “psicópata” que mentía como un bellaco no estuvo solo. ¿Recuerdan el comité de expertos en el Ministerio de Salud, los cuales de “expertos” tenían poco?, ¿recuerdan el toque de queda “por sexos”, un lindo experimento de ingeniería social, mientras los hospitales estaban abarrotados, las unidades de cuidado intensivo no alcanzaban, faltaba oxígeno medicinal, las morgues colapsaban y los médicos arriesgaban sus vidas?. ¿Cómo olvidarnos del Colegio Médico, cuya directiva estaba lista para ir al Palacio de Gobierno cada vez que la requerían?. Esa directiva no cesaba de pedir “más confinamiento, más confinamiento”, aunque hubiera personas quedándose en la miseria por falta de dinero. Al final, el decano se sinceró: “¡Ya abran todo, que ni caso nos están haciendo!”.
No podemos dejar de mencionar a quienes pasaron por la titularidad del Ministerio de Salud: una médica que actuó como fantoche del "psicópata" y éste después la botó. Un médico “rojo”, apodado el “Doctor Muerte”, para quien muertos y enfermos por la pandemia eran culpa de ¡la Constitución de 1993!: un argumento repetido por la izquierda radical hasta hoy y que, por desgracia, caló en la población. Por último, una médica con cara de cemento armado, quien nos aseguró que ella sería la última en vacunarse y resultó que fue una de las primeras.
Este país sufrió una hecatombe social, del cual no se ha recuperado. Demasiados muertos. Aproximadamente, doscientos sesenta y cinco mil muertes directas e indirectas por la pandemia, de acuerdo a cifras del Ministerio de Salud en el gobierno de Francisco Sagasti. Demasiados sueños rotos, demasiados proyectos de vida truncados. Muchas lágrimas, mucho sufrimiento. Sin embargo, no hay monumentos recordatorios, no hay homenajes, no hay ofrendas. Ni siquiera el consuelo de la fe, porque el alto clero de la Iglesia Católica le dio la espalda a la feligresía para alinearse con el “psicópata”.
El 16 de
marzo de 2020 es el día en el cual este país, esta nación perdieron el rumbo
del progreso y el bienestar y, hasta hoy día, no lo recuperan.
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