La Presidenta de la República y su desacreditado Gobierno y el putrefacto Congreso han quedado políticamente descolocados.
Un segundo paro de transportistas en Lima y Callao, que inicialmente parecía no tendría la contundencia del anterior tuvo muchísimo mayor respaldo popular del esperado. Los convocantes exigían un reclamo socioeconómicamente trasversal: mayor seguridad ciudadana. Para ello se exigía la derogación de la última enmienda a la Ley contra el Crimen Organizado de 2013 (que alientan la extorsión, el sicariato, la trata de blancas, etc.), el archivo de los proyectos de ley que crean la tipificación penal de “terrorismo urbano” y la renuncia del cuestionado Ministro del Interior.
Sin embargo, en el Palacio de Gobierno se subestimó la protesta. El Presidente del Consejo de Ministros habló de “intereses políticos”. El Ministro de Transportes y Comunicaciones juró que la gran mayoría de empresas de transporte público en la ciudad capital no pararía. El Gobierno nacional hasta publicitó el ridículo slogan improvisado “Perú no puede parar”.
La gran mayoría de transportistas sí paró. Pocos vehículos de transporte público circularon por Lima y Callao el primer día de los tres días de paralización anunciados. Ante la dificultad o imposibilidad de conseguir movilidad, muchas personas optaron por no ir a sus destinos. Las escuelas cambiaron a clases virtuales. A su vez, muchos mercados de abastos, muchas galerías comerciales y muchas bodegas de abarrotes cerraron. Escasearon los taxis y las moto-taxis. Hubo una gran marcha callejera por el Centro de Lima cerca del Palacio Legislativo. Por su parte, hubo un inusual fuerte despliegue de efectivos de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas en la ciudad capital.
En el segundo día, la contundencia del paro disminuyó, pero éste continuó. Fuera de Lima y Callao, hubo paralización y protestas callejeras en Chiclayo, Huancayo y Arequipa. Además, muchos ciudadanos expresaban públicamente su apoyo al paro. No obstante, la dirigencia política no cedió. Desde el Gobierno nacional se empeñaron en afirmar que el paro fracasó. Los sectores “de derecha”, dominantes en el impopular e “ilegítimo” Congreso, repetían que hay “oscuros intereses políticos” en el paro o que detrás estaban sectores “de izquierda”, los cuales -por cierto- se subieron a la protesta, pero fueron incapaces de canalizarla.
¿Qué demostró el último paro?. El Gobierno nacional es más débil de lo que parece. Si a una siguiente paralización se unen transportistas de carga y todos los mercados de abastos de Lima y Callao, interrumpiendo el suministro de alimentos y combustible a la ciudad capital, la Presidenta de la República caería en tres días. Por otro lado, los sectores “de derecha” están aterradoramente desconectados de la realidad. Enfrascados en la defensa de intereses mezquinos o en la “agenda anti-globalista” por la cual casi nadie votó en 2021, han despilfarrado todo el capital político que tenían y serán arrasados en las ánforas cuando se celebren las elecciones generales de 2026.
Los transportistas del último paro anunciaron una pronta paralización indefinida, en la cual ya se exigirían la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso y la instalación de una Junta de Gobierno. Transportistas de carga estarían convocando un paro nacional indefinido el siguiente mes, al cual se sumarían numerosas asociaciones de comerciantes, pequeños empresarios y trabajadores no asalariados, planteando un ultimátum el Gobierno nacional y el Congreso: combaten a la criminalidad organizada o “que se vayan todos”.
Perú está viviendo un momento políticamente complicado.
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