Conteo final

 

No tengo ninguna simpatía por el sociólogo Fernando Rospigliosi, ex Ministro del Interior y actual congresista, pero hay que prestar atención a las declaraciones últimas suyas.

Tanto en medios de comunicación como en las redes sociales, Rospigliosi comienza a insinuar que la Presidenta de la República, envuelta todas las semanas en más escándalos políticos, denuncias por corrupción administrativa o hechos de incompetencia gubernamental, no completará el mandato presidencial o no llegará en el poder al 28 de julio de 2026.

Las palabras de Rospigliosi no son baladí. Él pertenece al fujimorismo, el principal movimiento político en los sectores “de derecha” que dominan el impopular e “ilegítimo” Congreso y uno de los sostenes políticos de Su Excelencia y el Gobierno nacional. Cierto que colegas noveles de Rospigliosi como los congresistas Tania Ramírez o Arturo Alegría siguen defendiendo a la Presidenta de la República, pese a su altísimo rechazo ciudadano (apelando a pretextos como “la gobernabilidad” hasta opiniones majaderas como “¡Aguántense!”), pero Rospigliosi es un antiguo izquierdista y un “viejo zorro” de la política peruana desde la década de 1970. Percibe que hay mucho descontento popular acumulado. Especialmente, contra el Gobierno nacional, que es uno no-electo en comicios. Intuye que cada día más que se continúe apoyando a Su Excelencia o al Gobierno nacional, los sectores “de derecha” se aproximan a una “paliza electoral” monumental, aunque pretendan protegerse de la voluntad popular libremente expresada en las ánforas con trampas políticos o trucos sucios.

Dentro del putrefacto Congreso hay cada vez más voces que piden echar a la Presidenta de la República, porque pondría en riesgo la reelección de los actuales congresistas en senadurías o diputaciones. Por eso proponen que quien presida la Mesa Directiva de la Cámara “espuria” para la última legislatura del mandato parlamentario tenga las cualidades para, eventualmente, asumir la Presidencia de la República liderando un interinato. Por eso barajan nombres y apellidos de políticos “de derecha” por quienes poca gente o nadie volvería a votar como las congresistas María del Carmen Alva o Gladys Echáiz.

No se equivoquen: las alimañas del putrefacto Congreso no “se cargarán” a Su Excelencia, porque les preocupe el país sino cuando vean que sus chances electorales son nulas o casi nulas. Eso sucederá, más o menos, los últimos seis meses antes de las elecciones generales. Sin embargo, el destino político de los sectores “de derecha” en las ánforas es inevitable.

Post data: ¡qué bueno que se cayera la (pre)candidatura presidencial del economista Hernando de Soto!. Ególatra como él solo, De Soto fue un pésimo candidato presidencial en 2021 y solamente le interesa la gloria personal. El ex aprista Paul Jaimes, dueño del membrete partidario al cual renunció De Soto, está más interesado en una alianza electoral con otros membretes para impulsar una candidatura senatorial del ex mayor Antauro Humala, quien estuvo preso por la sangrienta asonada de Andahuaylas en 2005!.

 

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