Según estimaciones oficiales, actualmente, hay más de un millón cien mil venezolanos residiendo en Perú.
En América Latina, hace varios años que Perú es el segundo país receptor de venezolanos: el primero es Colombia, el tercero es Chile. En 2020, a consecuencia de la recesión ocasionada por la paralización de actividades económicas en el contexto de la pandemia viral COVID-19, la dictadura de Nicolás Maduro anunció el plan “Vuelta a la Patria” para venezolanos que estuviesen en distintos países latinoamericanos y desearan volver a Venezuela.
Pese al oropel vendido por la dictadura, pocos aceptaron regresar. Maduro envió a Perú aviones para recoger venezolanos que fueran hasta la sede de la malograda embajada venezolana en Lima a registrarse. El plan todavía sigue vigente, pero la cantidad de venezolanos que se fueron de Perú para retornar a Venezuela en los últimos cuatro años no superaría las dos mil personas. La fantasía de peruanos xenófobos con una avalancha de venezolanos saliendo del país no se cumplió. Es más, el número de migrantes venezolanos se ha incrementado.
Como ocurre en todas las oleadas migratorias, siempre se meten elementos de mal vivir. Sin embargo, la gran mayoría de venezolanos y venezolanas sólo quiere tener una vida tranquila, segura y próspera. Por desgracia, Perú ha hecho poco por asimilar la masa migrante a la sociedad peruana, pese a que muchos migrantes mostraron deseos de asimilación. Las primeras oleadas, donde había un elemento humano bien formado académicamente, no fueron aprovechadas. Tiempo después llegó mano de obra escasamente calificada. Entre ésta se coló el lumpen.
¿Por qué toda esta reflexión?. Maduro está alistando otro fraude electoral para reelegirse y permanecer en el poder. No obstante, esta vez la oposición democrática está más cohesionada que antes tras la figura política de la ex diputada María Corina Machado. Hay mayor entusiasmo por votar y mayor ilusión de que el voto cambie Venezuela. Aunque la dictadura ha permitido la postulación de un candidato presidencial inesperado como abanderado opositor, el diplomático Edmundo González Urrutia, todos los conocedores sobre Venezuela creen que Maduro no aceptaría celebrar elecciones libres ni dejar el poder voluntariamente.
Si Maduro consuma su farsa electoral para otros seis años más, al mismo tiempo que la dictadura se torna cada vez más “totalitaria” (la senda nicaragüense), existe la alta probabilidad de una nueva oleada migratoria desde Venezuela hacia el extranjero y los más de ocho millones de venezolanos que viven afuera aumenten. Colombia y Brasil lo entienden, Chile también. Por eso presionan a Maduro para que celebre elecciones libres y evite una nueva crisis humanitaria en América Latina. ¿Perú nada tiene que decir al respecto?.
Torre Tagle sólo ha publicado comunicados rechazando la inhabilitación política arbitraria contra Machado y poco más. El Ministro de Relaciones Exteriores debiera unirse a sus pares colombiano, brasileño, chileno o argentino (además del State Departament de los Estados Unidos) para exigir que Maduro “descomprima” la “caldera social” que es Venezuela celebrando elecciones libres y deje el poder prometiéndole que una transición hacia la democracia respetará su vida y la vida de su familia. Dudo mucho que Maduro acepté, pero para Perú es una “cuestión nacional”, porque el país no está hoy en condiciones económicas, sociales, administrativas e institucionales para recibir una nueva oleada migratoria.
Ahora más
que nunca Perú debe tener una posición firme y coherente sobre Venezuela.
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