Perú frente a Nicolás Maduro ("ESPECIAL")

 

Seguimos viendo, oyendo o leyendo sobre las consecuencias que en Venezuela tiene el nauseabundo fraude electoral perpetrado por la dictadura de Nicolás Maduro.

Probablemente, con la anuencia de la Presidenta de la República (su larguísimo Mensaje a la Nación por Fiestas Patrias, que duró ¡cinco horas!, parece haber quedado en el olvido), el Ministro de Relaciones Exteriores anunció que Perú reconocía al candidato opositor venezolano Edmundo González Urrutia, apadrinado por la ex diputada y lideresa de la oposición democrática venezolana María Corina Machado, como “presidente electo”. Evidentemente, Torre Tagle se ha hecho eco de la publicación de las copias de las actas electorales por parte de la oposición mediante las cuales, realmente, Maduro no ganó los comicios presidenciales sino Gonzáles Urrutia.

La posición de Torre Tagle desató la ira de la dictadura venezolana. Maduro había ordenado un día antes la expulsión del cuerpo diplomático peruano en Caracas, además de sus pares de otros países latinoamericanos, a quienes acusa de “injerencistas”, porque dudaban del resultado electoral y exigían la publicación de todas las actas escrutadas. Cuando supo del reconocimiento peruano a Gonzáles Urrutia, Maduro despotricó públicamente de Perú afirmando que tenemos “un Gobierno no electo, repudiado por el pueblo” (por desgracia, no le falta razón) y, en horas de la noche, su esbirro de la Casa Amarilla (la contraparte venezolana al Palacio de Torre Tagle en Lima) anunció que Venezuela rompía relaciones diplomáticas con Perú. Esta decisión también afecta a las relaciones consulares, que están suspendidas desde el domingo 28.

Gran parte de la política y la opinión pública han cerrado filas en su repudio a Maduro y el zarpazo que dio a la voluntad popular expresada en las ánforas. Los medios de comunicación publican declaraciones de inmigrantes venezolanos en Perú, quienes no pueden ocultar el dolor, la angustia, la tristeza y hasta el llanto por los acontecimientos en Venezuela. ¿Cómo no solidarizarse con ellos?. Por supuesto, la nota discordante proviene de la izquierda radical.

La ex congresista Verónika Mendoza, comunista afrancesada y dos veces candidata presidencial, quien días atrás dijo que, si ella fuera venezolana, no votaría por la oposición, porque no es “democrática” ni “transformadora”, se ha negado en todos los tonos a condenar el fraude electoral. Como buena cínica que es, prefiere gritar contra la Presidenta de la República por los muertos en las violentas protestas tras la caída del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo el 07 de diciembre de 2022. No le horroriza la brutal represión de Maduro contra manifestantes pacíficos (recalco, pacíficos) rechazando el fraude electoral.

Otro “rojo” insensible es el congresista Guillermo Bermejo, quien viajó a Venezuela como “veedor” acreditado por el Consejo Nacional Electoral controlado por la dictadura. Para Bermejo, procesado penalmente por terrorismo, la elección fue “transparente” y “democrática” y todas las denuncias de la oposición son propaganda “imperialista” y “fascista” proveniente de los Estados Unidos. Desde sus días de dirigente estudiantil Bermejo es adicto a la dictadura venezolana.

No podía faltar el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, quien acumula casi trescientos días prófugo de la justicia. Desde su activa cuenta en la red social X (otrora Twitter), Cerrón felicitó entusiastamente a Maduro por su triunfo electoral “bolivariano”. Igual que Mendoza, Cerrón solía viajar mucho a Venezuela en tiempos pasados.

Ignoro cómo acabará todo, pero quienes, genuinamente, creemos en la democracia y la libertad estamos con el pueblo de Venezuela.

 

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