En 2017 vi una entrevista del periodista (peruano) Jaime Bayly al disidente cubano Guillermo Fariñas, por la señal de la televisora privada de los Estados Unidos, Mega TV.
Después de hablar sobre Cuba, Bayly preguntó a Fariñas su opinión sobre Venezuela, la cual ya vivía la brutalidad de la dictadura de Nicolás Maduro. Fariñas dijo que Venezuela “se está desintegrando”. Cuando Bayly le repreguntó si creía que Venezuela podía convertirse en Cuba, Fariñas dijo no, “porque se está desintegrando”. ¿Por qué la “desintegración”?. En el razonamiento de Fariñas, a diferencia de Cuba, que es una isla donde es difícil salir, razón por la cual Fidel Castro pudo consolidar la dictadura desde el inicio (además del contexto y las circunstancias de la Guerra Fría), Venezuela es un país continental, con fronteras porosas, donde es más fácil escapar.
Esa “desintegración” es la diáspora venezolana: más de ocho millones de hombres, mujeres y menos de edad que salieron de Venezuela en un cuarto de siglo, a consecuencia de la criminalidad organizada, el desastre económico o la represión política. Especialmente, quienes migraron con lo que pudieron a los diferentes países de América Latina desde 2013 cuando Maduro se hizo con el poder tras la muerte del teniente coronel Hugo Chávez. Tras el último fraude electoral de Maduro, todos los analistas internacionales predicen una nueva oleada migratoria compuesta por tres a cuatro millones de venezolanos. Una migración inédita en la historia de la humanidad y que debe hacer replantear el sistema de creencias políticas de quienes no son venezolanos.
En Perú, donde viven más de un millón quinientos mil venezolanos y cuya cifra podría aumentar, Maduro es repudiado por la casi totalidad de la sociedad. ¿Quiénes son la excepción?. La izquierda radical, la cual es una de las más retrógradas de América Latina. Ahí tenemos las defensas mentirosas, obcecadas y patéticas de la ex congresista Verónika Mendoza (comunista afrancesada y dos veces candidata presidencial), la ex congresista Indira Huilca (ella tiene un pensamiento muy estalinista), Aida García Naranjo (ex Ministra de la Mujer, “roja” desde las décadas de 1970 y 1980) o la joven Zaira Arias (ex candidata parlamentaria), más “bochinchera” que política.
¿Por qué la izquierda radical peruana es tan ideologizada?. Quizá la explicación está en el periodista Eudocio Ravines cuando en 1930 “traicionó” el pensamiento del escritor José Carlos Mariátegui para alinearse con el dogmatismo del Komintern y los intereses del Moscú soviético. En cualquier caso, exceptuando al decente ex congresista Richard Arce, ni siquiera por conveniencia política la izquierda radical matiza su defensa a Maduro. No falta quienes presumen que hay motivos ocultos. Chorros de “petro-dólares” venezolanos que llegaron a Perú desde Venezuela para “rojos” y “rojimios”, por ejemplo.
Por ahora,
la izquierda radical se ha anulado a sí misma como opción electoral, porque -a
semejanza de los sectores “de derecha”- está llena de enemigos de la democracia
y la libertad.
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