Perú…, ¡puaj!

 

De verdad, no pasa un día en el cual Perú como país no me cause repugnancia.

Después de haber liquidado su “Cuarto de Guerra” para combatir la criminalidad organizada, que no le sumó ni un punto de aprobación en las encuestas de opinión, la Presidenta de la República quiso viajar a Italia para participar en el funeral del papa Francisco, a celebrarse en el Vaticano. Deseaba juntarse con el presidente estadounidense Donald Trump, la primera ministra italiana Giorgia Meloni o el presidente argentino Javier Milei.

Aunque el politizado Tribunal Constitucional “constitucionalizó” sus viajes, cada vez que Su Excelencia ha salido del país violó la Constitución de 1993 y se deslegitima más. Por supuesto, ella no hubiera viajado sin la autorización del putrefacto Congreso, pero cuya Cámara esta vez no se lo permitió. Si a Su Excelencia le quedase algo de dignidad, debiera renunciar e irse.

De otro lado, el Poder Judicial falló parcialmente a favor del Hábeas Corpus presentado por la Municipalidad Distrital de Lurín contra la concesionaria vial Rutas de Lima y la Municipalidad Metropolitana de Lima. Una jueza (de quien se denunció ha recibido presiones políticas desde meses atrás) ordenó la suspensión del cobro de peaje en la zona de Conchán hasta que la Municipalidad Metropolitana de Lima “habilite una vía alterna” (que ya existe), además de ordenar la reparación de un puente y hasta el retiro de las garitas.

Este fallo no sólo viola la Constitución de 1993 por donde se le mire sino es absurdo. Por supuesto, el Alcalde de Lurín ha sacado pecho por este “triunfo” (dijo que apelará, porque la jueza no le dio toda la razón), que le servirá para obtener réditos políticos si tentase pronto una candidatura a diputado o se espera hasta las elecciones municipales y regionales del próximo año. Obviamente, el Alcalde de Lima, despreciable como él solo, ha elogiado la sentencia.

Aunque el fallo queda ejecutoriado, Rutas de Lima ha expresado que apelará para conseguir una decisión razonablemente jurídica en instancias superiores. Veremos qué ocurrirá. Ya es un hecho que las concesiones viales en Lima se han convertido en fuente de la más nauseabunda demagogia política que Perú no ha visto en muchísimas décadas. Cuando el cobro de peajes era municipal, no vi ni oí a nadie de quienes hoy se quejan chillar por la “libertad de tránsito”. No sorprendería que esta demagogia ramplona se extienda muy pronto hacia otros rubros económicos, so cualquier pretexto. Mientras tanto, la inversión privada, esencial para generar riqueza y crear empleos, se irá resintiendo a medida que se vaya desmoronando las instituciones y el imperio de la ley.

Por último, miles de datos personales fueron robados del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC), pero su jefa nacional sigue sin renunciar. Se ha denuncia “inscripciones fraudulentas” en los registros partidarios y el Presidente del Jurado Nacional de Elecciones alega que todo está bajo control. ¡NO cuenten con mi voto para la “payasada comicial” del año venidero!.

De verdad, ¡al diablo con Perú!.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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