Imágenes que dieron la vuelta al mundo: fiscales y efectivos de la Policía Nacional en Perú irrumpieron durante la madrugada del Sábado Santo en el Palacio de Gobierno y la vivienda de la Presidenta de la República en Lima.
El Fiscal de la Nación interino inició una investigación preliminar sobre el caso de los relojes de lujo de Su Excelencia, conocida por una denuncia periodística, porque se sospecha “desbalance patrimonial” de alguien que tiene varios años trabajando en la administración pública. En anterior artículo de opinión hablamos al respecto. Ante las citaciones de fiscalía, la Presidenta de la República pidió reprogramarlas alegando estar ocupada en actividades oficiales. Como la agenda de actividades oficiales de Su Excelencia es pública, fue fácil descubrir que mintió.
Sospechando “obstrucción a la justicia”, el Ministerio Público solicitó al Poder Judicial autorización para los allanamientos, los cuales tenían como propósito hallar los mentados relojes de lujo. Finalmente, los relojes fueron hallados y fotografiados. Sin embargo, la imagen pública de la Presidenta de la República está hecha trizas. A muchas personas que vieron por televisión o Internet las imágenes del allanamiento vino a sus mentes una palabra: vergüenza.
Ni tontas ni perezosas, comenzaron las voces políticas o mediáticas pidiendo o exigiendo que la Presidenta de la República renuncie. En el Congreso, las bancadas de izquierda radical preparan más mociones de destitución. Por ahora habría un cambio de gabinete ministerial, porque el nuevo Presidente del Consejo de Ministros y varios ministros “hicieron el ridículo” defendiendo a Su Excelencia, quien no supo enfrentar este problema político desde el inicio.
Quienes piden la renuncia de la Presidenta de la República dicen querer salvar la imagen externa de Perú, pero ya está “dañada” tras cuatro sucesiones constitucionales y cuatro gobiernos nacionales no-electos por voto popular en seis años. Aunque puedan desearlo, Su Excelencia no caerá, porque quienes la pueden hacer caer no desean hacerlo. Al menos, no por ahora.
Las bancadas “de derecha” en el Congreso no respaldarán ninguna moción de destitución presidencial, a menos que les beneficie y, por ahora, no ocurre. La presencia del alto mando militar en el Palacio de Gobierno para el tradicional “cambio de guardia” del regimiento presidencial en el Domingo de Resurrección es un tácito espaldarazo a la Presidenta de la República. Por su parte, los gremios empresariales quieren estabilidad política y no desean otra sucesión constitucional. Por último, los grandes medios de comunicación no desean precipitar una caída, porque temen que la inestabilidad conduzca hacia el poder al fascistoide ex mayor Antauro Humala.
Quizá a la Presidenta de la República le tiene sin cuidado su imagen pública, porque ella es altamente impopular, pero sabe que la gran mayoría de la ciudadanía está descontenta no sólo con ella sino con toda la dirigencia política: posiblemente, la más ignorante, irresponsable y venal de la historia peruana.
Débil, pero
de pie.
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