Agenda Laje ("ESPECIAL")

 

En la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, el año pasado, la gran estrella fue el presidente argentino Javier Milei.

Quien escribe escuchó el discurso de Milei. Esencialmente, fue una reivindicación de la función del mercado en la creación de riqueza y las ventajas innegables de la propiedad privada, la libertad de empresa y el libre comercio. Me gustó la primera parte, la segunda no tanto. Este año Milei regresó a Davos, pero su discurso tuvo una segunda parte polémica y muy ideologizada, en el cual terminó asociando “homosexualidad” con “pedofilia”. Por supuesto, estas palabras causaron revuelo en Argentina y han sido políticamente aprovechadas por los opositores a Milei.

Tras un año en el poder, Milei tiene logros que mostrar: la inflación cayó sustancialmente, el déficit fiscal se convirtió en superávit fiscal, hubo una considerable reducción de gasto público con baja de impuestos, el poder adquisitivo se recupera y está en marcha reformas para modernizar la economía. También hay éxitos en seguridad: Argentina tiene la tasa más baja de homicidios por habitante de América Latina, por debajo de El Salvador. Sin embargo, a diferencia del sátrapa Nayib Bukele que “se cargó” la Constitución de 1983 y la democracia, Milei lo ha hecho dentro de las instituciones y el imperio de la ley. ¿Por qué no habló de estos logros en Davos?.

Quizá la explicación está en el escritor Agustín Laje, muy amigo de Milei y quien está adquiriendo cada vez más influencia intelectual en el círculo político de éste. Hemos hablando antes de Laje: un intelectual rabiosamente anti-izquierdista, defensor del llamado “anti-globalismo” y enemigo furibundo del “pensamiento woke” en los Estados Unidos, que ahora está siendo políticamente combatido por el (nuevo) presidente Donald Trump. No niego que Laje, su coterráneo Nicolás Márquez y otros como él tienen algo de razón (la doctrina sobre “Diversidad, Equidad e Inclusión” es identitarismo puro, por ejemplo), pero son personajes muy fanatizados, convencidos que están en “batalla cultural” para “salvar” la tradición judeocristiana en la civilización occidental. Para ellos problemas cotidianos como el desempleo, el costo de la vida, el crimen organizado, etc., pasan a segundo plano frente a la lucha mundial contra el aborto, el matrimonio igualitario, la perspectiva de género, la discriminación positiva, etc.

En Perú muchas personas en sectores “de derecha” han comprado el discurso de Laje, Márquez y otros más. Se han persuadido que nos “salvaron” del comunismo con la caída del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo el 07 de diciembre de 2022 y desde entonces deben “des-izquierdizar” el país. Por eso reniegan de la transición hacia la democracia entre 2000 y 2001 y aseguran que recién “ellos han traído la democracia”. Por eso quieren “cargarse” la Constitución de 1993, las instituciones y el imperio de la ley. Todo es para “defender” la vida, la familia y la religión en Occidente. Todo para luchar contra el pensamiento woke, hegemónico en los Estados Unidos y Europa, pero minoritario en América Latina.

Por eso tenemos personajes como al “sucio” Ministro del Interior o al ridículo Alcalde de Lima mintiendo públicamente que no hay delincuencia en las grandes ciudades, culpando a los medios de comunicación y pregonando que vivimos en un país casi totalmente seguro. Sus visiones de la realidad no son la mismas que la gran mayoría de la ciudadanía.

En Argentina, la gran mayoría de ciudadanos votó a Milei, no a Laje. En Perú nadie votó la “agenda Laje”, pero está en el poder.

 

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