La llamada “toma de Lima” alentada por la izquierda radical fracasó.
De nada sirvieron los casi cinco mil manifestantes venidos desde Puno, Cusco, Arequipa, Tacna, Ayacucho y Apurímac hacia Lima para luchar por la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso, la convocatoria inmediata a elecciones generales y el inicio de un proceso constituyente. Las turbas de izquierda radical destruyeron propiedad pública y privada, provocaron caos y atemorizaron Lima, pero no consiguieron ninguno de sus fines políticos.
Desde el día anterior, las turbas de izquierda radical pregonaban que sería “la batalla final”, una jornada histórica, un momento importantísimo para el país. Fueron desplegados casi once mil efectivos de la Policía Nacional, quienes frustraron todos los intentos de las masas por atacar lugares emblemáticos del Centro Histórico como el Palacio de Gobierno, la Plaza Mayor o el Palacio Legislativo. Llovieron palos, piedras, pedazos de concreto, botellas. La Policía Nacional respondió con bombas lacrimógenas, escudos y cachiporras. Hubo policías heridos. También manifestantes heridos. Muchos detenidos. Afortunadamente, no hubo fallecidos, como la izquierda radical deseaba.
Desde las 3:00pm, aproximadamente, hasta las 10:00pm duraron las violentas protestas en el Centro de Lima. Un grupo de manifestantes marchó hasta Miraflores, pero el alcalde de ese distrito turístico se anticipó y pidió refuerzo policial. Hasta casi la medianoche la Policía Nacional dispersó manifestantes y detuvo revoltosos. A las 9:00pm la Presidenta de la República y parte de su gabinete ministerial aparecieron por televisión y radio desde el Palacio de Gobierno. A diferencias de sus últimas apariciones públicas, ella demostró esta vez mayor firmeza y autoridad. Políticamente, el Gobierno nacional salió fortalecido.
Fuera de Lima, también hubo disturbios y mucho vandalismo. Turbas de izquierda radical intentaron asaltar los aeropuertos en Arequipa, Cusco y Juliaca. Sólo en Arequipa consiguieron penetrar, pero fueron desalojados por policías y las Fuerzas Armadas. Continuaron los bloqueos de carreteras en La Libertad, Ica, Moquegua y Madre de Dios. Turbas también dañaron el Oleoducto Norperuano en Amazonas y hasta quisieron prenderle fuego. Si ocurriesen muertes por explosión, que nadie culpe al Gobierno nacional.
Las violentas protestas de la izquierda radical no desaparecerán, pero sí menguarán. Simplemente, “rojos” y “rojimios” se equivocaron: la Presidenta de la República no se tambalea y su Gobierno es más fuerte de lo que pensaron. Seguirán protestando en otras ciudades. Seguirán los conatos de revuelta (tal vez, contra los campamentos mineros), pero de forma más “simbólica”: para mostrar que rechazan al Gobierno nacional y quieren el proceso constituyente. Una vez que se fije la convocatoria para las elecciones generales el próximo año, la actividad política girará en torno a los comicios venideros.
Atentos, porque el Congreso necesita ratificar la reforma constitucional que recorta dos años los mandatos presidencial y parlamentario para convocar a elecciones y la izquierda radical amenaza boicotear la votación en la Cámara si antes no se incluye el referéndum constituyente.
Post data: el derechista Alcalde de Lima cumplió su amenaza y él
con sus regidores se han ido contra una de las dos concesiones viales capitalinas
violando la Constitución de 1993. Además, deberán compensar a la concesionaria
diez años de inversión, conforme al contrato. Vamos a ver si le pagan. Creo
todo acabará como un “teatrillo malo”.
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