En la política peruana comienza a darse por sentada una inquietante afirmación: el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, tendría su “granja de trolls”.
La palabra “troll” proviene del idioma noruego. Se refiere a un monstruo antropomórfico de la mitología nórdica. En el folklore escandinavo, el troll es un personaje capaz de cometer los actos más malvados. En tiempos actuales, se le dice troll a la persona anónima o seudónima que publica mensajes provocadores, insolentes, polémicos o fuera de lugar dentro una comunidad en línea para molestar o alentar el enfrentamiento entre distintos integrantes.
Un troll podría actuar individualmente o coordinadamente con otros trolls. Se le conoce como “granja de trolls” cuando todos ellos actúan con los mismos recursos y la misma logística y dentro de una misma organización. Cuando se dice que López Aliaga tendría una “granja de trolls” nos referimos que tiene a su disposición decenas de usuarios dedicados a contestar (generalmente, con insultos) cada mensaje, fotografía o video publicado en las redes sociales Facebook, X (otrora Twitter), Instagram o TikTok que critique o cuestione al Alcalde de Lima.
¿Para qué serviría la “granja de trolls”?. Para aparentar que López Aliaga es popular, que tiene muchos seguidores, que es un líder político capaz de movilizar masas, aunque sólo sean en el ciberespacio. Si López Aliaga pagase la “granja de trolls” con su dinero (es un hombre adinerado), ¡allá él!, pero si usase dinero público, sería distinto.
A fines del año pasado, López Aliaga anunció eufórico que la Municipalidad Metropolitana de Lima creaba el “GEIM” o “Grupo Especial de Inteligencia Municipal”, en alusión al extinto GEIN, que perteneció a la dirección antiterrorista de la Policía Nacional en la década de 1990: un centro de llamadas telefónicas y mensajería digital para combatir la criminalidad organizada. A la cabeza puso al general José Baella, ex integrante del GEIN.
Quien escribe no tiene pruebas para afirmar que el “GEIM” es una “granja de trolls”. Hay un antecedente: en 2018 una denuncia periodista reveló que en el Congreso dominado por la mayoría absoluta fujimorista en la Cámara existía una “granja de trolls” fujimorista, liderada por el entonces jefe de seguridad, general Walter Jibaja. Los trolls eran auténticos, pero Jibaja negó las acusaciones. Al año siguiente, renunció a causa de un escándalo político. Desde 2024 Jibaja trabaja en el Ministerio de Agricultura y Riego.
A diferencia de países como Argentina o Chile, por ejemplo, en Perú la influencia del mundo digital sobre la política aún es baja. Posiblemente, en 2026 será mayor que hace cinco años, pero no decisiva para cambiar tendencias electorales. Además, la influencia del mundo digital aumenta cuando éstas “reflejan la realidad” frente a medios de comunicación que, supuestamente, no lo hacen. ¿De qué sirve repetir en las redes sociales que López Aliaga es “el mejor alcalde de todos los tiempos” si esa aseveración choca con el mundo real?.
Por ahora
la “granja de trolls” de López Aliaga no sería la primera ni la última.
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