Nayib Bukele, el sátrapa megalómano que detenta el poder en El Salvador, tiene una legión de seguidores en América Latina.
Instalado en 2019 con la promesa de renovación y cambio, Bukele sacó provecho de la exigencia colectiva por seguridad y orden en El Salvador frente a la criminalidad y la violencia de las salvajes pandillas para justificar el control sobre la Asamblea Legislativa, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Contraloría General de Cuentas, el Tribunal Supremo Electoral y otras entidades públicas. Violando la Constitución de 1983 impunemente, ganó una reelección polémica que, de facto, lo ha convertido en dictador. En el ínterin, apelando a los regímenes de excepción, Bukele ha encarcelado miles de pandilleros o supuestos pandilleros y ha perseguido periodistas críticos. No está demás recalcar que Bukele es un socialista en materia económica y un servil con China.
Por supuesto, Bukele (aún) es muy popular en El Salvador, pero como sucede siempre con los dictadores, no sueltan el poder fácilmente y buscarán enriquecerse o enriquecer a sus allegados. En los departamentos del Tesoro y Justicia de los Estados Unidos todavía hay expedientes abiertos de Bukele y sus gerifaltes por casos penales desde corrupción administrativa hasta violación a los derechos humanos. Ahora El Salvador recibe inmigrantes ilegales considerados “criminales”, expulsados desde los Estados Unidos mediante un inmoral acuerdo con la Casa Blanca. Bukele cobra dólares mientras decenas de criminales o supuestos criminales languidecen en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la mega-prisión salvadoreña inaugurada en 2023 que, salvando contexto y circunstancias, me hace recordar a los campos de concentración nazi o el gulag soviético.
En Perú, en los sectores “de derecha” abundan los simpatizantes de Bukele. También hay “bukelistas” independientes. Uno de ellos es Felipe Castillo hijo, alcalde de Los Olivos, un pujante distrito de Lima Norte. Castillo hijo pregona su admiración por Bukele y su deseo de imitarlo. Incluso ha viajado varias veces a El Salvador. Pedía públicamente a la Presidenta de la República decretar el Estado de Emergencia y sacar las Fuerzas Armadas a las calles. Cree que, para acabar con la creciente criminalidad organizada en el país, expresada en delitos de extorsión y sicariato, debemos “adoptar las políticas de Bukele”, sin entender bien qué ocurrió en El Salvador.
Respecto a la extorsión hacia la educación privada, un conjunto de padres y madres de familia organizó una reciente protesta frente a un colegio en Los Olivos contra la criminalidad organizada y el Gobierno nacional. Después los manifestantes marcharon hasta el frontis de la Municipalidad Distrital de Los Olivos. Allí los recibió Castillo hijo, quien habría pensado ganarse aplausos exhibiendo su “bukelismo”. También había reporteros y camarógrafos de prensa. Sin embargo, cuando las indignadas madres de familia preguntaban a Castillo hijo por qué no había vehículos del Serenazgo patrullando con la Policía Nacional los centros educativos privados, éste se desvió del tema hablando del Estado de Emergencia, los militares, los extranjeros y bla, bla, bla. Cuando la muchedumbre seguía exigiendo respuestas a Castillo hijo, el “bukelista” huyó hacia su oficina. Una madre de familia lo tildó de “cobarde”. En un programa nocturno de televisión, Castillo hijo recuperó su valentía y posó de “bukelista” otra vez.
No creo que
Castillo hijo sea el único “bukelista de cartón”. Tan mal está Perú que hasta
los seguidores de Bukele dan vergüenza.
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