Porky no es Donald Trump ("ESPECIAL")

 

Otra vez el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, dio una pésima entrevista política.

Pese al antecedente de la entrevista radial con la ex congresista Cecilia García, López Aliaga volvió a hacer el ridículo. En esta ocasión, la entrevista fue con el periodista Fernando Llanos, quien la transmitió a través de su canal en la red social YouTube. A diferencia de García, quien parecía querer “pelear” con López Aliaga, Llanos no tenía nada personal contra éste y se esmeró en elaborar un buen cuestionario de preguntas fundamentadas. Sin embargo, López Aliaga perdió los papeles.

Acostumbrado a las entrevistas “suaves”, donde no sea confrontado con la realidad, hable a sus anchas y se muestre como “bonachón”, López Aliaga cada vez está más agresivo e intolerante contra quienes no piensan como él o le refutan. Algunos comentaristas políticos creen que López Aliaga, quien hace rato está “en campaña” para las elecciones generales del año siguiente, quiere parecerse al magnate y presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

A López Aliaga, quien sabe que no tiene ni tendrá ninguna obra pública significativa para mostrar cuando deba renunciar en noviembre si quiere lanzar su candidatura presidencial, no le quedaría más que inventar constantes “enemigos” contra quienes confrontar públicamente: una estrategia de marketing político similar favoreció a Trump en la escena política estadounidense.

Trump es buen comunicador. No en vano el magnate fue conocido en los Estados Unidos como conductor de televisión durante las décadas de 1990 y 2000. Aprendió manejo de escena, hablar ante las cámaras y cómo lidiar con entrevistadores difíciles. López Aliaga es lo contrario: sigue sin hablar en público (algo ha aprendido, cierto), no se ve bien ante las cámaras y muy fácilmente pierde los papeles cuando su entrevistador no le aplaude ni le hace loas. A su vez, López Aliaga confronta contra “enemigos” que a nadie interesa, mientras Trump entendía bien contra quienes debía confrontar para obtener réditos políticos.

Además, Trump regresó a la Casa Blanca en Washington DC, porque apeló al “sentido común” de muchos estadounidenses. En un contexto político y social donde la filosofía se impuso a la economía y la ideología sobre la realidad (el pensamiento woke), Trump encarnó el retorno a cierto sentido común, ajeno a las elites urbanas y más cercano al ciudadano promedio.

López Aliaga, por el contrario, no encarna el sentido común. Para él NO hay delincuencia común o criminalidad organizada desbordada, monstruosa corrupción política y administrativa que se está devorando la democracia restaurada en 2001 ni dificultades económicas en el país. Todo lo malo son los “progres”, los periodistas “mermeleros”, la empresa constructora brasileña Novonor (antes Odebrecht), la comunidad LGTBIQ+, el aborto, el Lugar de la Memoria, etc. Conforme a todas las encuestas de opinión, la gran mayoría de la ciudadanía no piensa como López Aliaga y los sectores “de derecha” a los cuales pertenece.

Recientemente, dos entrevistas políticas han liquidado las aspiraciones presidenciales del empresario Fernando Cilloniz (ex presidente regional de Ica) y Rafael Belaunde Llosa (ex Ministro de Energía y Minas), respectivamente, y López Aliaga puede tropezarse por definitiva vez con la misma piedra y su intención de voto acabaría alcanzándole sólo para una senaduría.

Para quien escribe, se lo merecería.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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