Hace poco tiempo escuché el podcast del periodista Pedro Salinas a través de su canal en la red social YouTube.
Habló sobre el reciente incidente de la congresista Patricia Chirinos en un conocido bar, pub y restaurante del distrito limeño de Barranco, cuando debió retirarse del lugar, a causa de los abucheos y los insultos en su contra por parte de los asistentes. Ella se mostró desafiante y hasta respondió con un gesto obsceno. Un desadaptado le lanzó un vaso de vidrio. Por suerte, Chirinos no fue herida físicamente. Personal de vigilancia protegió a ella y su acompañante, el congresista Luis Aragón, y después los escoltó hasta afuera.
Salinas condenó el intento de agresión física a Chirinos, pero dijo que avalaba los abucheos, los insultos y las acusaciones de “corrupta” o “ladrona” que algunos asistentes en el lugar gritaban a Chirinos. Salinas dijo que todo fue una “sanción social”. Incluso recurrió a una abogada de tendencia “progre”, quien condena la agresión física, pero no la verbal y hasta asegura que, si una persona fuese blanco de acusaciones que lindan en la calumnia, la injuria o la difamación y llevase su caso penal al Poder Judicial, el juez o la jueza lo rechazaría, porque sería contrario a la “libertad de expresión” y el “derecho a la protesta”.
Salinas también dijo que lo sucedido con Chirinos no es comparable a los “escraches” que realizan colectivos ciudadanos “de derecha”. Cierto, porque ésos son planificados y lo sucedido con Chirinos fue una reacción espontánea. Para Salinas, no obstante, ésa no es la diferencia, sino que Chirinos pertenece a los sectores “de derecha”, que no creen en la democracia, pero él y sus amigos en sectores “de izquierda” sí creen.
El discurso de Salinas sobre la “sanción social”, el cual también hacen suyos personajes como la abogada Rosa María Palacios, es peligroso, porque relativiza la violencia política: ¿no es válida cuando es hacia los míos, pero sí cuando es hacia los contrarios?, ¿es válida cuando la perpetran los míos, pero no los otros?. Ese discurso de “sanción social" es similar a la llamada “cultura de la cancelación” que impera en los Estados Unidos y, parcialmente, en Europa: la negación completa a la libertad de expresión, la pluralidad de opiniones y el debate. Por supuesto, Chirinos y otros políticos como ella se han ganado toda la impopularidad de la cual gozan.
Hoy la sociedad peruana está demasiado cargada de rabia, frustración y desilusión: emociones negativas que debieran canalizarse sanamente. Los abucheos y los insultos a Chirinos, como también sucedieron días después con la Ministra de Cultura en el Gran Teatro Nacional cuando discurseó en la inauguración del Festival de Cine de Lima o con el Presidente Regional de Ayacucho y su huida en helicóptero, son reacciones comprensibles, pero no justificables. Alentarlas es el primer paso para intoxicar el ambiente político con aires guerracivilistas. ¿Acaso creen Salinas y demás que sus enemigos no contraatacarán?.
Perú irá de
mal en peor hasta que haya un cambio significativo. Dios nos proteja.
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