Nueva declaración pública del Ministro de Economía y Finanzas, que no ha gustado nada en el Congreso.
Respecto a la ley que permite el séptimo retiro de fondos del Sistema Privado de Pensiones (el Gobierno nacional “claudicó” de su autoridad al desistir de la observación presidencial), cuando un periodista preguntó al Ministro de Economía y Finanzas el por qué cree que la gran mayoría de congresistas apoyó esta iniciativa que él considera malísima, dijo presumir que muchos de ellos buscan votos para sus futuras candidaturas al Senado o la Cámara de Diputados.
De inmediato, varios congresistas de distintas tendencias políticas comenzaron a atacar al Ministro de Economía y Finanzas. Sin embargo, más allá de una pequeñísima minoría defensora del Congreso, muy activa en las redes sociales, presumo que la gran mayoría de peruanos y peruanas piensa igual: descontando quienes están movidos por ideologías, sólo existe el deseo de ganar votos para las elecciones generales de 2026. Incluso el principal promotor, el inefable congresista José Luna Gálvez, tiene aspiraciones presidenciales. Asombra la reacción airada y la poquísima tolerancia a la crítica: el Presidente del Congreso envió una “nota de protesta” a la Presidenta de la República por las palabras del Ministro de Economía y Finanzas.
El congresista Carlos Anderson, uno de los escasos parlamentarios ajenos a los escándalos políticos o las denuncias por corrupción administrativa, afirmó que, ante un Gobierno nacional “débil”, está predominando “la soberbia del Congreso”. No le falta razón: muchos congresistas están convencidos que ellos y sólo ellos son poseedores de la verdad, nadie más. Ni el Ministerio Público, el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional o la Junta Nacional de Justicia. Tampoco los medios de comunicación o el empresariado. Mucho menos la Presidenta de la República, a la cual cada vez respetan menos (ella tampoco se hace respetar), ni sus ministros. Obviamente, esos congresistas cegados por la soberbia saben más que todos nosotros, la ciudadanía. Todos los días nos demuestran que el lema del Congreso “Servimos a la Nación” es una burda mentira.
¡Qué esperar del Congreso “ilegitimado”, porque se habría puesto al margen de la Constitución de 1993 cuando aprobó esa inmoral y malísima reforma constitucional para restablecer la bicameralidad y cuyas decisiones serían “espurias”!. Preparémonos, porque sólo es el inicio: a partir de ahora veremos la aprobación de proyectos de ley cada vez más esperpénticos para ganar votos en las ánforas: unos anti-económicos, otros liberticidas y muchos inconstitucionales. Especialmente, veremos un proceso de demolición institucional para -como sea- asegurar la impunidad de los congresistas que habrían delinquido, sea que puedan convertirse en senadores o diputados o queden fuera del Congreso.
En círculos políticos ajenos al Congreso, intelectuales, periodísticos y hasta empresariales se empieza a escuchar que Perú está en un proceso inclemente de degradación nacional, que “así no llegaremos al año 2026” y sería mejor que “todo reviente de una vez”, que necesitamos una “limpieza del sistema político”. Quien escribe considera que la Presidenta de la República debe permanecer hasta el final del mandato, pero el prestigio de ella está por los suelos y su Gobierno está tan debilitado políticamente que puede caer antes. No faltan en el Congreso quienes fantasean con “cargarse” a la Presidenta de la República para instalar un Gobierno interino, que esté absolutamente subordinado a los congresistas. Un Gobierno interino que, por cierto, sería “espurio” y, posiblemente, desde su instalación empiece a violar la Constitución de 1993.
Mucho temo
que los meses siguientes no serán buenos para Perú y sus habitantes.
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