Esos “anti-terroristas”

 

Aparte de hábiles en “meter bala”, impedir protestas callejeras o censurar arte crítico, los sectores “de derecha” de Perú viven obsesionados con el terrorismo.

Hace cierto tiempo que esos sectores “de derecha” gustan de señalar como “terrorista”, “terruco” (jerga) o “filo-terrorista” a quien considere que militares y policías no deben violar derechos humanos ni cometer crímenes de lesa humanidad, que defender a las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional no significa amparar a sus malos elementos o, simplemente, no acepte el autoritarismo como ideal político. Al mismo tiempo, estos pseudo-expertos en identificar “terroristas” se visten de “demócratas”, “republicanos” o “institucionalistas”, mientras repiten la consigna favorita de todos ellos: “Terrorismo nunca más”.

¿Por qué esta obsesión con “rememorar” todo el tiempo el terrorismo comunista de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en las décadas de 1980 y 1990 como si éstos no hubieran sido derrotados durante el difícil y durísimo proceso de pacificación?. Quizá la explicación está en hechos semejantes del pasado más lejano.

Tras la derrota peruana en la guerra contra Chile entre 1879 y 1883, las elites políticas, militares, intelectuales y hasta periodísticas se llenaron de “anti-chilenos” y el insulto más ofensivo hacia otra persona era decirle “pro-chileno”. Esta conducta injuriosa persistiría hasta varias décadas después del final de la guerra. Incluso el APRA en la década de 1930, como consecuencia de su política latinoamericanista, fue acusado de “pro-chileno” por sus enemigos políticos.

En realidad, estos anti-chilenos sobrevenidos habían sido responsables de la derrota peruana, cómplices de la ocupación del ejército chileno o pésimos soldados en la lucha contra las tropas chilenas. Uno de ellos fue el célebre escritor Manuel González Prada, cuya actuación armada más destacada en la guerra contra Chile fue hacer de centinela en el Cerro San Cristóbal, el punto más alto de Lima entonces, y casi huir de una batalla contra las tropas chilenas para salvar la vida. Durante los dos años de la ocupación chilena de Lima estuvo encerrado en su casita. No obstante, después de la guerra, se convirtió en el más rabioso de los anti-chilenos.

Sin propósito de ofensa, presumo que la gran mayoría de estos “anti-terroristas” sobrevenidos en los sectores “de derecha” no vivieron las décadas de violencia terrorista (los jóvenes) o si lo vivieron (los mayores), huyeron al extranjero, se encerraron en sus vidas privadas o, simplemente, tuvieron miedo. Tratan de ocultar sus traumas, resentimientos o frustraciones posando de “cruzados contra el terrorismo” cuando no existe el peligro terrorista. Patéticos.

Nota aparte: si el “porno-filo” -e histriónico- Presidente de la República cree que puede evitar futuras protestas callejeras en Lima y Callao decretando el Estado de Emergencia, so pretexto de la criminalidad organizada, con un Mensaje a la Nación por radio y televisión que duró 51 segundos, pareciendo “brigadier escolar”, está equivocado.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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