Jueves 10 de abril: diferentes asociaciones de transportistas de Lima y Callao convocaron un paro de 24 de horas contra la criminalidad organizada.
Tres días hubo un paro parcial, pero la paralización del 10 de abril fue casi total: no había vehículos de transporte público en la ciudad capital y el primer puerto. Sólo circularon automóviles particulares, taxis, taxis colectivos y algunos vehículos “piratas”. A diferencias de los últimos paros del año anterior, esta vez no hubo división entre “formales” e “informales”, porque están unidos por los motivos: los crecientes casos de extorsión y sicariato en la sociedad. En el Callao, veinticuatro horas antes del paro, criminales mataron a cuatro chóferes. Choferes, cobradores y dueños de buses, minibuses o microbuses, realmente, temen por sus vidas y dejar desamparadas a sus familias. Aparte del paro, hubo marchas de choferes y cobradores desde varios puntos de la ciudad hasta el Centro de Lima, a la Plaza Bolívar frente al Palacio Legislativo.
Como otras ocasiones, el Ministerio del Interior ordenó un gran despliegue de efectivos de la Policía Nacional. También hubo integrantes de las Fuerzas Armadas. Las direcciones regionales de Educación en Lima y Callao dispusieron clases virtuales para la educación básica. Universidades también optaron por la modalidad educativa virtual. El Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo dispuso también que las empresas toleren hasta dos horas la tardanza de sus trabajadores. Sin embargo, desde el Gobierno nacional hicieron lo posible por “desinflar” el paro: burlas del odioso Ministro de Educación, mentiras del cínico Presidente del Consejo de Ministros y la demagogia simplona de la Presidenta de la República (más preocupada por la visita oficial del presidente panameño José Rául Mulino), quien se deslegitima más y más cuando tilda de “traidores a la Patria” a quienes la critican.
¿El paro funcionó?. Si nos referimos a las exigencias de mayor seguridad en las calles, no creo. La promesa de ciertos integrantes del putrefacto Congreso para instalar “mesas de trabajo” parece una pérdida de tiempo. Los dirigentes que las aceptaron deberán enfrentar pronto unas bases cada vez más indignadas, impacientes y asustadas. No obstante, estos paros tienen apoyo popular: reporteros de distintos medios de comunicación que cubrieron los sucesos preguntaban a pasajeros o transeúntes en Puente Piedra, El Agustino, San Juan de Lurigancho, Comas, Villa El Salvador o San Martín de Porres y ninguno se quejaba por el paro. Al contrario, lo respaldaban.
Desde los sectores “de derecha”, quienes han abandonado las banderas de la seguridad y el orden por la defensa del status quo (lo lamentarán después), no hicieron más que ridiculizar el paro, burlarse de los manifestantes o minimizar la criminalidad organizada. Por ejemplo, las falsedades del economista Carlos Adrianzén son propias de un miserable indolente, las palabras del congresista José Cueto (quien aspira a ser senador el próximo año) son propias de un “cretino” y los disparates verbales del congresista Edwin Martínez (quien desearía ser diputado) son propias de un “imbécil”.
Quizá viendo que el paro había sido contundente, centrales sindicales, federaciones universitarias y algunos colectivos ciudadanos “de izquierda” se unieron al paro. No obstante, es inútil esperar del desacreditado Gobierno nacional o el hediondo Congreso resultados positivos. Los dirigentes que no aceptaron las “mesas de trabajo” piden un “paro nacional”, que involucre mayor participación social. Incluidos los transportistas de carga. Ellos exigen que el Gobierno nacional combata eficazmente la criminalidad organizada pronto o la Presidenta de la República renuncie y haya un interinato, porque las elecciones generales del próximo año ya fueron convocadas.
La realidad
política y social del país no pinta bien.
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