La ilusión Ricardo Belmont ("ESPECIAL")

 

Faltando pocos días para las elecciones generales, no pocos medios de comunicación están dedicando artículos de opinión o notas informativas a Ricardo Belmont.

Acá no hablaré demasiado sobre los antecedentes de Belmont. Hombre de radio y televisión en las décadas de 1970 y 1980, era conocido como “el Hermanón”. Fue el dueño fundador de la televisora privada RBC en 1986 y el acusado durante varios años por decenas de miles de sus accionistas de que él los “estafó”. Belmont fue Alcalde de Lima entre 1990 y 1996. Fue opositor a la dictadura de Alberto Fujimori en los primeros años. Tras el retorno a la democracia en 2001 “el Hermanón” tentó varias candidaturas, pero nunca fue elegido para ninguna. También fue congresista accesitario entre 2009 y 2011 durante el gobierno de Alan García. En Internet hay suficiente información sobre quién es Belmont, incluida su breve asesoría ad honorem al incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo en 2022 o los procesos penales y civiles en el Poder Judicial en agravio del comunicador social Phillip Butters. 

No. Intentaré un análisis político sesudo sobre el por qué Belmont, partiendo desde “los otros”, ha subido notoriamente en la intención de voto presidencial. Hace dos meses nadie daba un céntimo por la candidatura presidencial de Belmont (quizá sí su entusiasta hija menor de 18 años de edad, que maneja las redes sociales del papá) y hoy le estamos dedicando tiempo.

Belmont es un hombre de otra época: fanfarrón acriollado, machista extremo, homofóbico hasta las náuseas y xenófobo redomado. No es ni nunca ha sido un hombre culto o instruido. No. La característica más resaltante de “el Hermanón” es su talento en comunicación. Con su voz suave, sus frases trilladas, sus razonamientos “buenistas”, empatizaba con muchas personas. Era capaz de decir mucho sin decir nada. Belmont era encantador y, al menos en parte, continúa siéndolo.

En una entrevista del mes pasado con el periodista Fabricio Escajadillo y ante la pregunta de cómo enfrentar la criminalidad organizada que perpetra delitos como extorsión y sicariato, Belmont respondió que “amor con amor se paga”, debemos “cambiar el espíritu de la gente”, los criminales eran producto de unos medios de comunicación “degradados” y, en su época, nadie insultaba en la televisión. Una visión “holística”, según sus palabras. Escajadillo intentó que le diera respuestas concretas y más realistas, pero Belmont siguió “delirando” en su verborrea.

No obstante, este octogenario que parece senil transmite una imagen bonachona y lleva un mensaje simplista de “esperanza”, a diferencia de casi todos sus competidores, que nos machacan con “la mano dura” o “la muerte”. Tal vez por eso ha entusiasmado algo a cierta juventud limeña, que estuvo ilusionada inicialmente con otros candidatos presidenciales como Carlos Espá, Wolfgang Grozo o Jorge Nieto Montesinos. Pese a tener un discurso cuasi-izquierdoso, Belmont es una persona de alcurnia. Hombres mayores y conservadores de la clase alta podrían votarle. Si “el Hermanón” ha subido en la intención de voto, es porque le ha quitado votación al ex alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, candidato presidencial y senatorial.

¿Belmont podría pasar a la segunda vuelta electoral y ganar?. En 2018 fue candidato a la Alcaldía de Lima. Su campaña municipal fue similar a la presente campaña, excepto por la menor presencia digital. Perdió. De acuerdo a los resultados oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales, Belmont obtuvo 3.89% de votos válidos. Sin embargo, alucinándose “súper popular”, no aceptó la derrota y denunció un “gran fraude electoral” que sólo existió en su mente.

Suerte a todos en las ánforas.

 

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