Tras dos meses de sangriento paro
regional en Arequipa contra el proyecto minero Tía María de Southern Perú Cooper Corporation, un
mensaje presidencial poco contundente y una “pausa” anunciada por la empresa, se
pueden extraer algunas reflexiones.
El Presidente de la República estuvo
bien al decir que el Gobierno nacional respeta los contratos firmados con
inversionistas y no expone al Perú a demandas internacionales, que perderíamos,
y expresar apoyo a las Fuerzas Armadas y, sobre todo, la Policía Nacional que
titánicamente intenta restablecer el orden en la zona. Sin embargo, no decretó
el Estado de Emergencia en la provincia arequipeña de Islay o los distritos
convulsos de Cocachacra, Dean Valdivia, Punta de Bombón y Mejía. Tampoco
emplazó a los alcaldes y la presidenta regional que asuman responsabilidades y “tiró
la pelota” del conflicto a Southern.
La izquierda radical es
sinvergüenza. El ex sacerdote católico Marco Arana, líder del movimiento “eco-rojo”
Tierra y Dignidad, se “lavó las manos” por los sucesos en Arequipa, a pesar que
sus partidarios han promovido día y noche el paro. Minimizó la acusación contra
su correligionario anti-minero Pepe Julio Gutiérrez por haber pedido dinero
(millón y medio de “lentejas” o dólares) a Southern
para levantar el paro. Además, su lugarteniente, el economista Pedro Francke,
se pasea por los medios de comunicación dando la “excusa técnica” para el paro
cuando el propio Arana ha reconocido que es política.
Esa izquierda no quiere responsabilizarse
por muertos (incluido un policía salvajemente asesinado) y heridos, la
destrucción de propiedad pública o privada, los desplazados (quienes huyeron a
la ciudad de Arequipa aterrorizados por no haber apoyado el paro) ni las
vejaciones, como aquella mujer golpeada, desnudada y humillada públicamente por
no plegarse al paro. “Presiona” al Ministerio Público y el Poder Judicial para
que no encarcelen a esas bestias causantes de daños y perjuicios. Encima
amenaza con un paro conjunto en Cusco, Ayacucho, Moquegua, Tacna y Puno para,
entre otras cosas, exigir ¡el fin del “neoliberalismo” y la restitución de la
Constitución de 1979!.
La izquierda moderada o damas y caballeros
de “conferencias y cafetines”, “tertulias y publicaciones”, son cínicos. Ante
las violaciones a los derechos humanos en Arequipa, ¿por qué no hay condenas
del Instituto de Defensa Legal o la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos?,
¿dónde están ONG y colectivos que protestaban rabiosamente contra el régimen
laboral juvenil especial o la “televisión basura”?.
El periodismo, cuándo no. Las
turbas “rojas” atacan reporteros y camarógrafos, pero los periodistas bajo
techo sólo dicen “diálogo”. Los influyentes “opinólogos” sólo saben decir “que se suspenda Tía María para que haya paz
y diálogo”, porque son “de izquierda” o no sabrían cómo justificar sus
ostentosos post-grados en “conflictos sociales”.
A pesar de todo, hubo jóvenes en
Arequipa que marcharon multitudinariamente con vestimenta blanca y velas
encendidas exigiendo paz y diálogo. No todo está perdido.

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