La verdadera “batalla cultural”

 

Los sectores “de derecha” siguen perdiendo tiempo y energías en la “batalla cultural”. Para tal efecto, buscan inspiración foránea.

Por eso se refugian en los postulados del escritor argentino Agustín Laje, los discursos de la diputada española Cayetana Álvarez de Toledo (quien dio auténticas palizas argumentales al impresentable Pablo Iglesias en España), los análisis del periodista boliviano Juan Claudio Lechín (no tengo respecto intelectual hacia él desde 2017 cuando le escuché tildar de “filo-senderista” al gobierno de Pedro Pablo Kucyznski), etc. Sin embargo, como señaló el politólogo Iván Arenas en su columna de opinión del diario Perú21, los sectores “de derecha” se están equivocando.

Estos sectores “de derecha” constantemente están invocando al teórico marxista italiano Antonio Gramsci (a quien el Komintern soviético no movió ni un dedo para rescatarlo cuando el dictador Benito Mussolini lo encarceló en 1926), los intelectuales de la Escuela de Frankfurt en las décadas de 1960 y 1970 o el filósofo argentino Ernesto Laclau en tiempos recientes, pero olvidan a teóricos peruanos, cuyas formas de pensamiento aún impregnan la intelectualidad peruana: el sociólogo Aníbal Quijano, el antropólogo José Matos Mar o el sociólogo Julio Cotler.

Arenas se centra en Quijano, sociólogo de formación marxista, mariateguista y catedrático universitario, fallecido en 2018. Perseguido por la dictadura del general Manuel Odría, crítico de la dictadura del general Juan Velasco Alvarado y opositor a la dictadura de Alberto Fujimori, Quijano formuló hace más de treinta años, en el mundo posterior a la caída del muro de Berlín y la Unión Soviética y el final del bloque comunista, la “Teoría de la Colonialidad del Poder”, a partir de un concepto que interrelaciona prácticas y legados de la dominación europea en órdenes sociales y formas de conocimiento, identificando jerarquías raciales, políticas y sociales impuestas por los europeos en América Latina que prescribían valor a ciertos pueblos o sociedades, mientras privaban de sus derechos a otros. De este marco conceptual se desprenden los estudios poscoloniales, la decolonialidad y los estudios subalternos latinoamericanos.

Quijano no rechazaba las nociones de modernidad o conocimiento, pero en su insistencia por alejarse de Occidente o cualquier forma de eurocentrismo (creo que es un disparate dialéctico), abogaba por una modernidad no-occidental y una epistemología alternativa. ¿Cómo se puede convertir esta teoría filosófica en una propuesta político-electoral?. En la necesidad de “refundar” la democracia restaurada en 2001 y “superar” el modelo económico heredado de la década de 1990 con una nueva Constitución que rediseñe las “relaciones de poder” en la sociedad. Este mensaje está en boca del antropólogo Vicente Alanoca, candidato presidencial de la ex congresista Verónika Mendoza, comunista afrancesada, pero podría ser cualquier otro político “de izquierda”.

Mientras tanto, los sectores “de derecha” están peleando contra gigantes, que realmente son molinos de viento.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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