Anti-fujimoristas ≠ demócratas

Después del intento de destitución presidencial por supuesta “incapacidad moral permanente” en el Congreso el mes pasado llovieron elogios a la facción de izquierda radical seguidora de la ex congresista Verónika Mendoza.

A diferencia de los “rojos” acaudillados por el ex sacerdote católico y actual congresista Marco Arana, quienes se alinearon con la mayoría absoluta fujimorista votando a favor, los “rojos” de Mendoza marcaron la asistencia antes de la votación y se retiraron de la Cámara restando votos que el fujimorismo necesitaba para la destitución. Arana y los suyos querían nuevas elecciones por motivaciones ideológicas y cálculo político. Desde TV, radio, prensa escrita y redes sociales, se resaltó el anti-fujimorismo duro de los “rojos mendocistas” como demostración que ellos y su lideresa son “demócratas”.

Un momento. Ser anti-fujimorista no es equivalente a ser demócrata. Si revisamos los discursos de los “rojos mendocistas” en la Cámara aquel día, como las congresistas Marisa Glave e Indira Huilca (no considero a sus colegas Alberto Quintanilla y Manuel Dammert, porque fueron diputados en la década de 1980 y tienen el bagaje demagógico de otra época), fueron insultos al Presidente de la República acusándolo de “lobista”, ataques a la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990 y exigencias por una nueva Constitución para “luchar contra la corrupción”. Así lo expresaron ellos con sus cartelitos en el Hall de los Pasos Perdidos en el Palacio Legislativo “¡No al fujimorismo ni al lobbismo!” o “Refundación de la Patria”.

A raíz del indulto humanitario de Nochebuena que Su Excelencia otorgó al ex dictador Alberto Fujimori, preso desde 2007 por casos de corrupción, violación a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad y cuya excarcelación ha polarizado a la sociedad, Mendoza, quien no aparecía públicamente desde los días anteriores a la frustrada destitución presidencial, dio declaraciones de furibunda anti-fujimorista, pero nada, nada demócrata: desconoció la autoridad y el mandato del Presidente de la República, tildó de “ilegítimo” el sistema político y económico del país y proclamó que “es la hora del pueblo y su poder constituyente”.

Las palabras de Mendoza evidencian no sólo una mujer envidiosa, con un burdo instinto de poder y una fuerte impronta autoritaria. Recuérdese ella nunca reconoció su derrota en la primera vuelta de la elección presidencial de 2016 y no rompe políticamente con la dictadura comunista de Cuba y la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. También evidencian que Mendoza es una comunista irreductible con las lecciones marxista-leninistas bien aprendidas: para tomar el poder y hacer la revolución es necesario un ambiente de crisis, caos y desorden. Como elecciones anticipadas, por ejemplo. Si ella tuviera su movimiento político legalmente inscrito, hace rato sus seguidores hubiesen reclamado nuevas elecciones.

Que nadie se deje sorprender. Mendoza y sus “rojos” serán todo lo anti-fujimoristas que quieran, pero no son demócratas.

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