¿Por qué cae la popularidad de PPK?

Primero la encuestadora DATUM Internacional, después IPSOS-Apoyo. Seguirán las demás. Al final, todas confirmarán un hecho: cae el índice de aprobación del Presidente de la República.

Por cierto, también cae la aprobación de otras autoridades y otros líderes políticos, pero el centro de todos los comentarios y todos los análisis es Su Excelencia. Que quede claro: aprobación o popularidad no equivale a “legitimidad”. El Presidente de la República tiene y continuará teniendo legitimidad, porque fue electo en comicios libres y su mandato está dentro de la Constitución de 1993, por la cual se asienta la democracia restaurada en 2001.

¿Por qué cae la popularidad presidencial?. Personalmente, dos factores. En primer lugar, sabemos que el Presidente de la República es un personaje de personalidad “campechana” y carácter espontaneo. No es alguien que se rija mucho por protocolos o reglas implícitas. Al ser economista de profesión, es hombre de números más que palabras. De ahí sus “deslices verbales” o sus expresiones de “cruda franqueza”. Sigue siendo simpático (a diferencia de sus cuatro antecesores), pero también se espera de él “prudencia” para saber cuándo hablar, cuándo callar, qué decir y qué no decir. Incluso el Presidente del Consejo de Ministros ha sido más prudente. Por ahora Su Excelencia, no.

Además, una cosa es liderar un grupo pequeño, profesional y bien organizado y otra distinta, liderar una nación compleja, complicada y desconcertante como el Perú. Se espera del Presidente de la República “firmeza”, que aún no demuestra. Ante el envalentonamiento de la mayoría absoluta fujimorista en el Congreso, su Gobierno parece débil. Por supuesto, es una percepción. Una percepción que hasta ahora Su Excelencia hace poco por cambiar.

En segundo lugar, la corrupción. Mejor dicho, el escándalo internacional Odebrecht y la confesión que la empresa constructora brasileña pagó en el Perú sobornos por 29 millones de dólares, entre 2005 y 2014. Involucra a los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala, más la administración metropolitana de la entonces alcaldesa de Lima, Susana Villarán. El Presidente de la República ni su Gobierno están bajo sospecha. Sin embargo, la percepción ciudadana no distingue: una autoridad es corrupta, todas son corruptas. Un político es corrupto, todos son corruptos. Por eso las caídas en todos los índices de aprobación.

En esa desacreditación participa ese “periodismo alienador y degenerado”, compuesto de ignorantes y malévolos, quienes no creen en la “presunción de inocencia” hasta probar la culpabilidad, gustan ejecutar “linchamientos mediáticos” y a quienes sólo les interesa inflar sus egos o engordar sus billeteras.

¿Su Excelencia puede revertir la caída de aprobación?. No cuando su Gobierno –por ejemplo- se vanagloria de los decretos legislativos promulgados, porque son muy “técnicos” para comprensión “común y corriente”. Sí, cuando la ciudadanía perciba que está solucionando problemas serios, como la delincuencia y el crimen organizado. 

Esperemos que sea así.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores