El Presidente de la República, su Gobierno nacional y la “progresía” que los apoya parecen vivir en una “burbuja”, una fantasía ajena al Perú real.
Aprovechando la conmemoración de la Batalla de Ayacucho de 1824, Su Excelencia viajó a Ayacucho, donde está el Obelisco en la Pampa de la Quinua. Aunque con inexactitudes históricas (dijo erróneamente que la Constitución de 1823 fue firmada por el general argentino José de San Martín), pronunció un discurso bonito. El caballero es elegante, pese a su fea corbata morada. Sin embargo, cuando varios alcaldes distritales quisieron hablar con él, el Presidente de la República subió raudo al automóvil oficial y se marchó a Lima. Los burgomaestres estaban molestos. También ciudadanos lugareños, a quienes no se les permitió acudir a la ceremonia. El mes pasado, Su Excelencia fue a Huaura para los doscientos años de la primera proclama independentista y cuando la comitiva se retiraba, ciudadanos lugareños le gritaron “¡Fuera delincuente!”.
En Lima, no obstante, los grandes medios de comunicación y sus encuestadoras disimulan que el Gobierno carece de apoyo popular. Es difícil apoyarlo cuando se percibe incompetencia, necedad y soberbia. A pesar que los casos de contagio por la pandemia viral COVID-19 han vuelto a subir (previsible), el Gobierno ha consentido los vuelos comerciales hacia Europa y la reapertura de gimnasios, salas de cine y salas de teatro. La Ministra de Salud no dice nada sobre pruebas de descarte, sigue sin atender reclamos de los médicos en hospitales, policlínicos y centros de salud, pero continúa “entusiasmando” a la población con la (pronta) llegada de la cacareada vacuna.
La pandemia no parece prioridad del Gobierno. Públicamente, la Presidenta del Consejo de Ministros (abogada feminista) dijo que la violencia contra la mujer ha ocasionado más víctimas que el virus. Es una burla a quienes han fallecido o perdido familiares o amigos por la pandemia, pero nadie se escandaliza. La misma dama tuvo varias idas y venidas (pago o no) respecto a la ley sobre devolución de aportes del Sistema Nacional de Pensiones, que el Congreso aprobó por insistencia. Fue presentada la acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional. La opinión técnica del Ministro de Economía y Finanzas pesó en la decisión, pero colectivos ciudadanos de aportantes y ex aportantes (entendiblemente) amenazan con extremar sus exigencias.
De igual modo, empiezan a proliferar las protestas. Siempre protestas violentas, con bloqueos de vías. Se zurran en el Estado de Emergencia vigente y la Policía Nacional. Taxistas, agricultores de la sierra central, comuneros, etc. Azuzadas por la izquierda radical. Sin embargo, el Gobierno y su comparsa están más ocupados en mantener “el relato” a toda costa: las marchas patrióticas y cívicas de noviembre, los jóvenes movilizados “por la democracia”, el pueblo en las calles y la Policía Nacional reprimiendo y reprimiendo, causando la muerte de dos muchachos. Por eso se “cargaron” al Ministro del Interior: él no estaba dispuesto a sostener la mentira (desmentida con imágenes de video mostrada en el Congreso), que justificó echar a quince generales del alto mando policial. Aun así, el Ministerio de Cultura autorizó la exposición fotográfica y pictórica “Generación del Bicentenario en Marcha” en la explana del Lugar de la Memoria (desde octubre se reabrieron los museos), el cual hace bastante tiempo se ha “desviado” del propósito original (una gran muestra bibliográfica, hemerográfica y testimonial sobre el “conflicto armado interno” peruano entre 1980 y el año 2000) para abanderar causas “políticamente correctas”.
No obstante,
todas las burbujas crecen y crecen hasta que revientan. Esta burbuja también,
pero le reventará al país entero.
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