Se acabó el juego.
El
Estado de Emergencia (con restricciones a las libertades de tránsito y reunión),
el toque de queda y el “aislamiento obligatorio”, con movilización militar-policial
para el control del orden interno, decretados para todo el Perú por el Gobierno
nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante
la sucesión constitucional de 2018 contra la pandemia viral COVID-19, fueron
prorrogados por cuarta vez, catorce días más. Por ahora podemos recapitular
sobre estos cincuenta y seis días de excepcionalidad.
Cuando
el 16 de marzo el “aventurero” nos impuso el Estado de Emergencia, bajo la
excusa de contener el virus y evitar que los servicios de salud colapsen, había
alrededor de setenta contagiados, menos de veinte hospitalizados y ningún
fallecido. Casi dos meses después, según cifras oficiales, pasamos los sesenta
mil contagiados, más de seis mil hospitalizados y casi dos mil fallecidos. Hay
quienes dicen que las cifras oficiales pudieron haber sido mayores sin la
excepcionalidad, pero son suposiciones y los análisis son en base a hechos
concretos y éstos evidencian el fracaso frente a la pandemia. A su vez, nos ha
costado desempleo masivo, quiebra inminente de empresas, empobrecimiento de las
clases medias, supervivencia de pobres y pobres extremos, migración interna
desesperada y desordenada, etc. Creo que el 16 de marzo el país estaba en mejores
condiciones para enfrentar el virus que hoy.
Tan
palpable es la sensación de fracaso que la población ansiosa no esperó más para
salir de casa y ha aumentado el destacado colectivo al Estado de Emergencia.
Principalmente, desacatan quienes necesitan ganar dinero para subsistir. Además,
el “aventurero” aumentó las expectativas por el final cuando anunció el
reinicio paulatino de actividades económicas a partir de este mes, pero sin
fechas señaladas. A los empresarios no les interesa tanto el programa de
reactivación económica o el fondo de apoyo empresarial (con dinero recién “desatorado”
en COFIDE) sino el pronto reinicio.
No
obstante, el “aventurero” está triunfalista. Dijo que “todas las metas se
cumplieron”, que el Gobierno se “esforzó” y volvió a mentir diciendo que la
“curva de contagios” se “aplanará” pronto. Pasó casi dos meses mintiéndonos
sobre “martillazos”, “pico”, muestras de despistaje, camas disponibles y
unidades de cuidados intensivos, ventiladores mecánicos, bonos 380 y canastas
municipales, mascarillas, día de hombres y día de mujeres, facultades
legislativas, etc. Por supuesto, la constante en la propaganda “gobiernera” ha
sido culpar a la población por la expansión de la pandemia y “machacar” a los infractores.
Un mensaje vil, propalado por los medios de comunicación “adictos”, que injustamente
ha calado en la sociedad. Por eso el “aventurero”, desde sus operetas
televisadas llamadas “conferencias de prensa”, se dio el lujo de amenazar o humillar
a la población, burlarse de los contagiados, menospreciar a los fallecidos y,
por supuesto, mentir, culpar y volver a mentir.
Confirmando
que se acabó el juego para el “aventurero”, días después que el Gobierno puso
un “cuchillo” en el cuello de la educación privada con un pernicioso decreto
legislativo y canceló la licitación pública de un millonario seguro de salud
para él, su mujer y su familia, supimos que el Ministro de Agricultura y Riego
está contagiado. El virus entró en el Gobierno, pero el “aventurero” jugó todas
sus cartas y ¡ha perdido!. Por eso médicos y enfermeras protestando (de ahí la
pifiada al Ministro de Salud en Chiclayo e Iquitos), la Policía Nacional
desmoralizada, los militares replegados, la “bomba de tiempo” en las cárceles
por contagios y muertes, las pilas de cadáveres en hospitales, más denuncias de
corrupción, la ruina económica, el país sin liderazgo. Para el colmo, el
Congreso “infectado” avanza en sus propios intereses: por ejemplo, “cargarse”
el Sistema Privado de Pensiones y las concesiones viales.
Sólo
Dios sabe qué pasará ahora.
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