Las crónicas policiales en los medios de comunicación no cesan.
Asesinatos, secuestros, asaltos a mano armada. La sensación de inseguridad en Lima y las grandes ciudades es real y latente. Entre la ciudadanía crece el descontento con la Presidenta de la República y su Gobierno por las erráticas e improvisadas políticas públicas en seguridad.
Muchos comentaristas políticos (en Perú escasean los analistas políticos, pero abundan los comentaristas políticos) alegan que la delincuencia común y el crimen organizado favorecen hacia las elecciones generales de 2026 un candidato presidencial “antisistema”, con mensaje extremista, discurso disruptivo y, por ahora, quienes tienen mensaje extremista y discurso disruptivo están en la izquierda radical.
El psicólogo Juan Carlos Tafur, un “experto” en las candidaturas presidenciales (pregunten al ex regidor metropolitano Jaime Salinas López-Torres), cree que políticos “rojos” o “rojazos” como los congresistas Guillermo Bermejo o Guido Bellido o la ex congresista Indira Huilca tendrían chances electorales para 2026 y harían que la izquierda radical regrese al poder después de la caída del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo el 07 de diciembre del año pasado.
A Tafur y todos en la opinión pública que pregonan lo mismo digámosle que fue suficiente de levantar “candidatos cucos” para atemorizar al electorado y éste corra a votar por quien puede evitarle el triunfo, pero consideremos que no insultan nuestra inteligencia y, de verdad, les preocupa que la izquierda radical vuelva al poder con un “candidato antisistema”.
No basta el discurso disruptivo: necesita un rostro respetable y convincente que acompañe el mensaje. Por ejemplo, ¿imagina a la ex congresista Indira Huilca, que se proclama a sí misma “defensora de los derechos humanos”, con un discurso de campaña electoral abogando por la pena de muerte para delitos comunes buscando conseguir votos?. No, no resulta creíble. Se le vería y oiría “forzado”. Debido a sus primigenias concepciones marxistas, la izquierda radical jamás podría tener un “mensaje duro” contra la delincuencia común y la criminalidad organizada. Si el grueso de la ciudadanía exige "mano dura" en las calles, no mirará a los “rojos”.
Por supuesto, cualquiera de las facciones de la izquierda radical podría “colgarse del saco” de un candidato ajeno a cuestiones ideológicas (lo hizo antes), pero que pudiese complementar el rostro respetable y convincente con el discurso disruptivo. Sí, pero ¿quién sería?. Deberá ser alguien poco o nada conocido hoy. Falta mucho tiempo.
Quizá alguien mencione al ex mayor Antauro Humala, quien purgó cárcel por la asonada de Andahuaylas en 2005, porque él no pertenece a la izquierda radical. El rostro y el discurso deben ser “trasversales”: más allá de sexo, edad, raza, credo o condición socioeconómica para construir una “mayoría”. Si no, quedaría en “bolsones de votos”.
Habrá un “candidato
antisistema”, potencial caudillo y con chances electorales: calculador,
pragmático y ambicioso. Muy pronto lo conoceremos.
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