Jorge Muñoz, sin liderazgo


Según recientes encuestas de opinión, la popularidad del alcalde de Lima, Jorge Muñoz, sigue alta, pero su desaprobación sube.

Personalmente, esa popularidad se sustenta en anuncios espectaculares o demagógicos de lo que Muñoz hizo, hace o hará. Sin embargo, a nueve meses no hay éxitos de la administración y falta liderazgo político en la ciudad. Sobre la falta de liderazgo, hay varios ejemplos.

Uno de ellos involucra al alcalde de La Molina, Álvaro Paz de la Barra. Creo que Paz de la Barra es tan “chulo” como Muñoz, pero éste tiene instinto de political killer. Paz de la Barra ambiciona la candidatura a la Alcaldía de Lima en 2022 y está ansioso por ganar notoriedad, a costa de Muñoz. Paz de la Barra fue el primer burgomaestre capitalino en criticar la (farsa) renegociadora de los contratos entre la Municipalidad Metropolitana de Lima y las concesionarias viales Línea Amarilla y Rutas de Lima. Cuando Muñoz anunció el plan “Pico y placa” para la restricción de tránsito vehicular por horas y días en varias avenidas de la ciudad, incluyendo la avenida Javier Prado que atraviesa La Molina, Paz de la Barra le metió una acción de amparo en el Poder Judicial contra la ordenanza para excluir el tramo molinense. También exigió “derecho a voz” en las sesiones del Concejo Metropolitano. Aunque no le concedió lo último, Muñoz reculó y el plan fue modificado: La Molina ya no está dentro del área de restricción.

Sin quedarse satisfecho, Paz de la Barra exigió a la Municipalidad Metropolitana de Lima le “transfiera” competencias para regular el tráfico de vehículos de carga por La Molina. La Ley Orgánica de Municipalidad de 2002 le otorga esas competencias dentro de su jurisdicción, pero era otro desafío más a Muñoz. Por último, la Municipalidad Distrital de La Molina interpuso un hábeas corpus en el Poder Judicial contra Línea Amarilla por las garitas de peaje en la avenida Separadora Industrial, que considera “anti-técnicas” y “discriminatorias”, aunque son anteriores a la concesión vial. En conferencia de prensa, Paz de la Barra anunció la decisión y aprovechó, de paso, para atacar a Muñoz.

Otro ejemplo: el conflicto con estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por una obra de infraestructura vial inconclusa desde 2008 próxima al campus universitario. Muñoz y el rector Orestes Cachay acordaron concluir la obra, pero corrigiendo el diseño. El nuevo diseño involucraba necesariamente que San Marcos ceda parte de sus terrenos. El estudiantado levantisco reaccionó: hasta el momento hay protestas, enfrentamientos con la Policía Nacional (se sospecha de infiltrados) y tomas parciales de las instalaciones.

Cachay se mantiene inflexible, pero Muñoz está dubitativo: tras anunciar que él hablaría con los estudiantes (como buen “chulo”), después prometió nuevo diseño sin cesión de terrenos. Quizá todo acabe en nada, como sucedía desde 2008.

Podría haber pronto un paro de transportistas por la ampliación del plan “Pico y placa” a vehículos de carga. ¿Qué haría Muñoz?. Tal vez, retroceda. Como pronto, su aprobación.


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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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